Naim Süleymanoğlu, de la palanqueta a la eternidad

naim“Murió de cirrosis, hermano, creo que en noviembre del pasado año”, así me lo hizo saber Serguei Delgado, compatriota, residente en Asunción, Paraguay, en una plática que sostuvimos a través de WhatsApp concerniente a figuras cimeras de la historia mundial de la Halterofilia, o Levantamiento de Pesas.

Crecí en un núcleo familiar en el que mi abuelo y mi padre se encargaron de transmitir, tanto a mi hermano como a mí el amor por los deportes; no obstante, reconozco que mi primer acercamiento a “las pesas” lo tuve a través de Boris Loynaz Herrera, mi hermano de crianza.

“Boricua”, como cariñosamente le tildo, fue el primer “pesista” que admiré y al que apoyé, a gritos, cuando asistí a sus competencias. ¿Irónico? Puede parecer que sí, porque después de mi idolatría por Boris, luego de experimentar deslumbramiento por mi inseparable, cuasi consanguíneo, allegado de mi infancia, comencé a maravillarme por Daniel Núñez (titular olímpico en los Juegos de Moscú’ 80; el primero en ganar por Cuba una medalla de oro en la halterofilia en citas estivales), Pablo Lara (campeón olímpico en la edición de Atlanta’ 1996), los ex soviéticos Vasily Alexeev (con sus más de 80 récords del mundo), Yuri Vardanyan, Sultan Rakhmanov, y Anatoli Pisarenko; los búlgaros Yanko Rusev, y Naum Shalamanov, este último nacionalizado turco por tal motivo su nombre cambió a Naim Süleymanoğlu.

La historia de Naim Süleymanoğlu (nacido en la ciudad búlgara de Pitchar, el 23 de enero de 1967) es tan maravillosa como sus 3 medallas de oro olímpicas (Seúl’ 1988, Barcelona’ 1992, y Atlanta’ 1996), y sus 7 títulos del mundo.

Conocido como “El Hércules de Bolsillo”, porque apenas medía 1,47 metros de estatura, en el Campeonato del Mundo celebrado en Södertälje, Suecia, en 1985, con apenas 18 años se convirtió en el pesista más bisoño de la historia en colocarse en la cima de la división de los 60 kilogramos a nivel del orbe. Al año siguiente en Sofía, capital de su nación natal, repitió la hazaña implantando marcas del orbe en arranque (147.5 kilogramos) y biatlón (335 kilogramos).

Fue precisamente en 1986, y en desacuerdo con la política establecida por el gobierno socialista búlgaro, que decide radicarse en Turquía. Dejó de ser Naum Shalamanov para convertirse en Naim Süleymanoğlu.

Seúl, urbe principal sudcoreana, fue merecedora de organizar los Juegos Olímpicos de 1988, y en esa competición, “El Hércules de Bolsillo” no solo obtuvo su primer título en ese tipo de eventos, sino que con un biatlón de 342.5 kilogramos, que significó récord del mundo en su momento, aventajó al búlgaro Stefan Topurov, medallista de plata, por más de 30 kilogramos. Pero como si no bastara, Naim Süleymanoğlu, representante turco de los 60 kilogramos, levantó más peso que el campeón de la división inmediata superior (el alemán Joachim Kunz consiguió 340 kilogramos). Es un tanto difícil de creer, pero así sucedió; y es penoso, al menos para mí, que cuando se hace referencia a los Juegos Olímpicos de Seúl se obvie la proeza de quien con valentía supo enfrentar la hostilidad socialista del gobierno búlgaro en la controvertida década de los años 80’s.

Naim Süleymanoğlu falleció el 18 de noviembre de 2017, a los 50 años de edad, en la ciudad de Estambul. En el año 2009 le fue diagnosticada cirrosis hepática, padecimiento que, finalmente, provocó su deceso a pesar de haber sido sometido a una cirugía de trasplante de hígado.

“Era un deportista de otra galaxia. Iniciaba las competencias con pesos que sabía que los rivales jamás iban a alcanzar. Fue muy dolorosa su muerte a una edad tan temprana. Se le va a recordar por siempre. Acá en Turquía fue ídolo, es un ídolo, y será un ídolo. Pasó de la palanqueta a la eternidad”, aseguró emocionado un simpatizante tras el sepelio.

Por su vasta carrera deportiva Naim Süleymanoğlu, en el año 2004, con justeza, fue exaltado al Salón Internacional de la Halterofilia.

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Pie forzado: El infeliz seguroso

trompetistaHagámonos la idea de que la censura en Cuba desaparece como por arte de magia, y en los medios de comunicación comienzan a plantearse temas que eran verdaderos tabúes, o, sencillamente, de manera tremebunda eran vetados por razones ideológicas.

Imaginemos que, dado lo anterior, en la emisión dominical de “Palmas y Cañas” en el momento de la tan gustada controversia campesina (inolvidables los “encontronazos” en décima que protagonizaban Justo Vega y Adolfo Alfonso) un televidente escribe, obstinado de la actitud de aquellas y aquellos que se han adjudicado el derecho informar a los cuerpos represivos de las actitudes supuestamente no acordes al régimen imperante desde hace casi 6 décadas, por lo que solicita un pie forzado: El infeliz seguroso.

Hecha la abstracción comienza el encuentro poético.

Dicen que es un informante

Que nada tiene que hacer

Y arruina hasta su mujer

Echa a la gente pá’lante

Repudiable, de mal talante

Un ser humano oneroso

De hecho un gran chismoso

Que en el fondo lástima da

Pero mucho molesta ya

El infeliz seguroso

Se la pasa predicando

Según como sople el viento

Y sin poseer algún talento

No quien les pare escalando

El barrio se está cansando

Que alguien poco jocoso

Les enturbie el disfrute, el gozo

De aspirar a una vida sana

Porque harta desde horas tempranas

El infeliz seguroso

 

Cada gota de energía

La malgasta como vive

Y en las ofensas que escribe

Demuestra una pobre ortografía

No se percata que su día a día

Con pensamiento mohoso

Alejado de lo “culturoso”

Al analfabetismo llega

Plasma “abla” y “olle” sin “I” griega

El infeliz seguroso

Ejemplo de doble moral

Porque con discurso simplón

Defiende a la revolución

Que acaba de abandonar

Dice que está a reventar

Dice que está belicoso

Que se enfurece como un oso

Que no provoquen su decir

Pero en el fondo es hazmerreír

El infeliz seguroso

Por eso nadie lo respeta

Por eso le dicen chivatón

Cobarde, sumiso, mal aguilón

Cara dura y trompeta

Ya concluyo esta gambeta

Con sentido muy jocoso

Y esquivando lo tedioso

Se cumplieron todos los fines

De Aldo Luberta Martínez

Para el infeliz seguroso

Y Dayán tuvo su bandera

dayanRecibí la llamada de Dania, nuestra compatriota, a las 19.38hs del día de ayer, miércoles, 21 de marzo de 2018. “Aldo, me pediste que te mantuviera al tanto.  Mi hijo acaba de fallecer”, fue la frase que, entre sollozos, apenas pudo balbucear la buena señora.

A ella, a su familia, la conocí en el año 2012 cuando escaso tiempo de su arribo a tierras guaraníes. “Son mis hijos”, los presentó orgullosa. “Se llaman Salvador, Dayán y Damián. No les tengo que decir que ellos son gemelos”, agregó sonriente.

Pasado un tiempo dejé de tener contacto con la familia, oriunda de la provincia Granma, sita en el oriente cubano, “pero vivimos en La Habana Vieja desde mucho antes de venir a Paraguay”.

Anoche recibí la triste noticia que Dayán, a sus 18 “abriles, había dejado de existir. “Está muy mal en Emergencias Médicas”, comunicó Luis Cuevas, también cubano en el grupo de WhatsApp que aúna, o al menos lo intenta, a un conglomerado interesante de nacidos en la isla. “Le extirparon el bazo, pero está muy mal”.

Unos minutos después la comunicación del fatal desenlace.

“Mi niño y un amigo venían en una motocicleta y un camión le salió al paso. Ellos viajaban por la preferencial. El camionero no respetó la señal y los muchachos no tuvieron tiempo de frenar. Mi hijo murió, pero el amigo está grave pero estable. Ahí están los videos, van a ver que no digo mentiras”.

Los compatriotas nos movilizamos y con un mancomunado esfuerzo ayudamos y acompañamos a Dania en tan terrible momento. Que si los papeles, que si un abogado, que si medicamentos, que si una bandera…

Y me detengo en el detalle de la enseña nacional pues fue resuelta gracias al gesto desinteresado de un paraguayo. Alguien llamó a la embajada cubana en Asunción solicitando ayuda para ese fin y la respuesta fue escueta: “solo podemos prestarla”.

Desconozco si es el bloque, o la crisis de Venezuela, o la situación que vivimos con el cambio climático, lo cierto es que lo que no pudo, o no quiso resolver, la sede diplomática cubana en la capital paraguaya, lo hizo, sin miramientos alguien totalmente ajeno al compatriota fallecido.

Alguien de gran corazón extendió la mano y Dayán tuvo su bandera.

“Hasta pronto, mi niño. Continúa volando alto”, dejé planteado en la escueta visita que pude hacer en su último adiós.

“Alegrías de Sobremesa”, su mejor aliado

mima y pipoA la dirección de email de mi madre llegó un correo electrónico que la emocionó hasta las lágrimas. Enseguida me lo compartió, y yo, que no soy amigo de perder mi escaso tiempo, me comuniqué con el remitente solicitando su venía para hacer pública, íntegra y textualmente, su vivencia en mi blog. Su respuesta no se hizo esperar, y tras recibir la autorización la comparto con todas y todos lo que se ha convertido en un motivo más para estar orgulloso de mi progenitor y de su encomiable labor como escritor de “Alegrías de Sobremesa” por espacio de 52 años.

Mi nombre es Radamés Echemendía González, y asistí al Aniversario de la Tecla, el 17 de febrero  en el ICAP. La compañera  Nancy Quintana me facilitó su correo, pues conoce que deseo contarle una anécdota personal:

Desde mi nacimiento, en el año 1971, soy una persona  discapacitada físico motor. En diciembre de 1981, comencé a recibir tratamiento médico en la Unión Soviética. En aquel momento, existía poco acceso a lo cubano en el territorio que ahora ocupa Ucrania (distante a más de mil kilómetros de la entonces capital soviética).

Entre las pertenencias que mi madre y yo llevamos durante el viaje, que sabíamos iba a ser prolongado, estuvieron algunos casetes grabados con música cubana, y los sketches de Alegrías de Sobremesa, todo grabado de la manera más rudimentaria.

Para mí, Alegrías de Sobremesa, significó el mejor aliado para luchar contra la nostalgia y la tristeza que siempre me produjeron cada uno de los cuatro viajes que realizamos mi madre y yo a la URSS.

Puedo decir, entonces que con Alegrías de Sobremesa, sus personajes, y con su escritor, mantuve una relación de complicidad y agradecimiento, desde aquellos años, hasta ahora.

Luberta y el programa, para mí significaron y significan, más que un programa humorístico, la cubanía, que su compañero esposo, y el programa ayudaron a mantener viva en el entonces niño de 10 años que fui, en lejanas tierras.

Por eso Siempre agradeceré a Progreso, a su esposo Alberto Luberta, a los actores y al programa, su existencia, cuya desaparición el 23 de enero de 2017, he lamentado profundamente.

Excelente pimentada con aderezo sinfónico

invitacion pimentada11La Real Academia Española de la Lengua señala que el vocablo pimentada refiere a un guiso de pimientos; por otra parte, los archivos de la prestigiosa entidad aclara que  la frase “siempre hay una primera vez” es un anónimo y antiquísimo adagio del refranero popular.

Tal aforismo se experimentó, el pasado viernes, 23 de febrero, cuando, en el Teatro Municipal de Asunción “Ignacio Alberto Pane” “La Pimentada”, orquesta nacional que cultiva la música caribeña, se presentó haciéndose acompañar de un polífono conglomerado con formato sinfónico.

Dirigida por el maestro Néstor Barreto, la propuesta deleitó, y deslumbró, a los presentes que abarrotaron el recinto cultural. Cada espectador, con fruición y complacencia, pudo disfrutar de la simbiosis lograda por la pericia de los ejecutantes. Fagots y contrafagots, tumbadoras y timbales, violines y violas, piano y bongó, indujeron a que los ritmos provenientes del lejano mar Caribe escoltados por elementos intrínsecos de la llamada “música culta” demostraran que no existen barreras entre lo “ilustrado” y lo popular.

No obstante, y en términos culinarios, la propuesta principal de la velada, que lució a Barreto como su máster chef, estuvo aderezada con exquisita sazón. Susana Saldívar, Luigi Manzoni, el dúo Tierra Adentro, y Lalo Villalba se erigieron, indudablemente, como rutilantes estrellas, y por tal fueron vitoreados al concluir sus respectivas interpretaciones.

“No lo puedo creer. Son paraguayos. Esto nunca había sucedido acá”, me comentó, emocionada, Rosa Mongelós a sabiendas de que fue partícipe de una gala que no tiene antecedentes en la historia nacional; y, como afirma el refrán, “siempre hay una primera vez”, “La Pimentada” asumió el reto y desde el 23 de febrero de 2018 es parte de las memorias culturales paraguayas al establecer un antes y un después en el escenario musical del país.

Para Barreto, para “La Pimentada”, para los ejecutantes sinfónicos, la ovación, el respeto, la admiración sin límites por la bizarría de encarar, con la elegancia y profesionalismo que es reservado solo para los egregios músicos, un desafío, cuasi locura, que engalanó la nocturnidad del que fuera el inicio del último fin de semana del mes de febrero de 2018.

Para ellos las alabanzas por ser orgullo nacional, los halagos por la sapiencia más que probada, las aclamaciones por cada muestra exenta de cursilerías y vulgaridades, y el deseo de volvernos a encontrar, interpretando, bailando, coreando, sinfónicamente, “La guantanamera”, “Lágrimas Negras”, “Mi gente”, o “Mejor solito”. El público lo exige porque, indefectiblemente, lo necesita.

Gracias en nombre de Beny Moré, Joseíto Fernández, Miguel Matamoros, Héctor Lavoe, Johnny Pacheco, Óscar D’ León, y de cada bailador paraguayo.

“LA PIMENTADA”

Es la orquesta que, actualmente, lidera el movimiento salsero nacional, y la integran Lalo Monte y  Víctor Garcete (Voces líderes),  Alfredo Pino (Coro y show bailable), Cristian Zaracho (Piano), Israel López (Bajo), Ismael Ortiz (Timbal), Papo Conte (Congas), Enrique Carmona (Bongo), Rudy González (Trombón) Arturo Benítez (Saxo), y Néstor Barreto (Trompeta y dirección).

Su estreno como agrupación musical se produjo en el mes de noviembre de 2013 y 2 años más tarde, el 22 de noviembre de 2015 en los predios de Pirata Bar, lanzó al mercado “Acceso restringido” su primera producción discográfica.

Escritor cubano presentará novela policíaca en la Alianza Francesa

Tapa #1“Por mano propia” es el título que Aldo Luberta Martínez presentará en el patio de la Alianza Francesa de Asunción, con entrada libre y gratuita, el próximo viernes, 2 de marzo, a las 19.00 horas. La entidad de ubica en la avenida capitalina Mariscal Estigarribia No. 1039.

La propuesta, lanzada el 27 de noviembre de 2015, bajo el sello editorial Arandurã, está basada en la violación y posterior asesinato de Felicita Estigarribia, conocida como “La niña de las mandarinas”, el 31 de mayo de 2004 en la ciudad de Yaguarón, Departamento de Paraguarí.

“La trama, enmarcada dentro del género policíaco, se desarrolla, íntegramente, en un lugar no identificado de Paraguay, y, por sobre todo, denuncia la violencia contra niñas, niños, y adolescentes”, refiere el autor.

Luberta Martínez señala que “me tracé hacer algo diferente, por tal motivo la novela está concebida con un estilo muy característico donde me propuse hacer una simbiosis entre la ficción y el género documental. De hecho, sustituyo la palabra ‘Introducción’ por ‘Introito’, un sinónimo. Desde el primer momento me propuse marcar la diferencia”.

“Por mano propia” es “un homenaje a Paraguay. Es la manera de agradecer a esta noble nación que, desde hace 12 años, abrió sus brazos y me estrechó en su pecho como a un hijo más. Gracias, Paraguay, rohayhu”, concluye emocionado el novelista.

lanzamiento“POR MANO PROPIA”, BREVE SINOPSIS

Laura Amalia, adolescente de 14 años, en el mes de diciembre del año 2004, es violada, y, posteriormente, asesinada. José Julio, su padre, ante la inacción de los agentes policiales, decide, por mano propia, hallar al asesino.

Además, a través del personaje de Sinforiano Augusto, abuelo de la víctima, se recrea el pasado tenebroso de los casi 35 años que marcan la historia paraguaya en la figura del dictador Alfredo Stroessner Matiauda.

Paralelo a lo descrito anteriormente se expone la historia de amor entre Rosa María y Alberto Javier, jóvenes periodistas, ex compañeros de estudio en la Universidad Nacional de Asunción, y colegas de labor en la agencia de prensa que dirige Aníbal Ernesto.

Por tan alevoso suceso cada 31 de mayo se conmemora, en Paraguay, el Día de la No Violencia hacia Niñas, Niños, y Adolescentes.

Desde su lanzamiento, “Por mano propia”, ha participado en diferentes eventos, tanto nacionales como foráneos, y ha recibido muy buena acogida por parte de los lectores. La obra ha sido aceptada con beneplácito en Cuba, Canadá, Estados Unidos, Chile, España, y Paraguay.

Aldo Luberta MartínezEL AUTOR

Aldo Luberta Martínez (Ciudad de la Habana, Cuba, 27 de junio de 1969) es Licenciado en Medios de Comunicación Audiovisual y Magister en Ciencias de la Comunicación. Es investigador, guionista, realizador, y productor de radio y televisión. Actualmente es miembro del equipo de realización de la productora audiovisual “El Bagre” y se desempeña como docente en la Universidad de Integración de las Américas (UNIDA) y en la Universidad Autónoma de Asunción (UAA), importantes casas de altos estudios en lo que concierne a la educación superior paraguaya.

Además de “Por mano propia” (2015) tiene publicados “La vida es un monólogo” (2016), y “Cubanadas de Cáncer a Capricornio” (2017), este último título en coautoría con Pietro Sánchez Quesada, periodista cubano radicado en la ciudad argentina de Clorinda. Tiene en preparación “Desde mi blog”, donde expone sus experiencias en el ejercicio del periodismo digital, y “Y mientras Asunción duerme…”, novela de corte policíaco.

La broma que no le pude hacer a mi padre

pipo sonriendoAlberto Damián Luberta Noy era un ser humano muy perspicaz y poseedor de una agudeza intelectual muy refinada. Si a cualquier persona se le puede pasar gato por liebre, como asegura el refrán, no cualquier persona le podía hacer pasar a mi progenitor gato por liebre… yo, en un  momento imaginé que era un afortunado del destino en ese sentido pero una conversación telefónica Asunción-Ciudad de la Habana hizo que pusiera los pies en la tierra.

– Dime- reconocí la voz de “El Padrino”, además de por timbre, inconfundible e inolvidable, por su tradicional vocablo al levantar el auricular para responder una solicitud a través del dispositivo nacido de la invención del italiano Antonio Meucci y, presuntamente, plagiado por el estadounidense Alexander Graham Bell (vaya fraseología para no repetir la palabra teléfono).

“Hoy le corresponde al viejo”, pensé, y en cuestión de segundos ideé una broma que a posteriori quedó trunca.

– ¿Alberto Damián Luberta Noy?- pregunté cuidando mi dicción (recuerden que soy tartamudo).

– Un servidor. ¿Quién me habla?

– Es el capitán Gómez Aranda de la Estación de Policía de Zapata y 2- respondí.

– Dígame, compañero- exclamó solícito el autor de mis días.

“Caíste, viejuco”, cavilé triunfal y comencé por adelantado a celebrar mi victoria… ¡craso error!

– Le llamo porque hemos detenido al locutor Marlon Alarcón Santana.

– ¿A quién?- preguntó sorprendido el tercer retoño de Celia y Armando.

– A Marlon Alarcón Santana, el locutor, ¿usted lo conoce?

– Por supuesto. Compañero de trabajo de años, además es muy allegado a mi familia. Muy allegado, compañero. ¿Qué sucedió?

Y expuse, ingenuamente, del imaginario arresto de quien considero un hermano.

– En un operativo hicimos un registro en su casa y encontramos que el ciudadano Marlón Alarcón Santana tiene en su casa una venta ilegal de ron.

Ahí mi padre rompió a reír a carcajadas.

– ¿Le divierte que Marlon esté detenido?

– No, no es eso. Es que no le creo porque si Marlon tuviese ron en su casa no lo trafica, sino se le toma- acotó disfrutando el momento- ¿quién me habla?

Cuando me identifiqué, al saber que íbamos a intercambiar unas palabras, su alegría aumentó, no obstante dejó por sentado que él no se llamaba Caridad Martínez González.

– Gordo- señaló cariñoso- ¿tú crees que yo soy un viejo bobo? Allá tu madre que cree todas tus locuras- y agregó en imaginario paréntesis- bueno, cuéntame, ¿cómo anda la vida por Paraguay?

“Pregunte por Caridad Martínez que fue la Presidenta de la OTI”

caridad de rojoComencé mi labor radial como aprendiz de realizador de efectos en los espacios dramáticos, bajo la tutela de Orlando Hernández Rivero, “Landy”. Tras mis frustradas incursiones en la Escuela Interarmas de las FAR “General Antonio Maceo” y en el Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría”, el 1 de septiembre de 1992 me inicié oficialmente como polizón en esa gran nave que es la realización sonora transmitida, posteriormente, por frecuencias hertzianas.

Poco tiempo después de mis inicios, ad honorem, tuve la oportunidad de ser contratado como realizador de sonido en la Sala de Transmisiones de CMBF, Radio Musical Nacional, en el horario nocturno, y transcurrido un breve lapso alterné mis funciones, también a la noche, en la cabina de Radio Progreso.

La responsabilidad y el tedio me brindaban una simbiosis muy sui géneris. Fue antagónica la sensación de tener en mis manos la programación de 2 emisoras nacionales con el sueño que rozando la medianoche comenzaba a provocar en mi bostezos y convulsos cabezazos que hacían recordar, a muchos, la enconada lucha que protagonizaban los pescadores en altamar.

Asombrosamente, en buena medida, las noches en CBMF Radio Musical Nacional, especializada en la llamada música culta (óperas, operetas, zarzuelas, conciertos, sinfonías, espacios especializados en polifonías contemporáneas y electroacústica…), eran más amenas por 2 motivos fundamentales: 1) en esa época las transmisiones cesaban a las 12 en punto de la noche; y 2) Alfredo Zayas, el locutor de turno, exhibía tan preocupante nivel de demencia que era capaz de mantenerme en vigilia todo el turno de trabajo. Imagínense que los sábados, sí, porque mi labor incluía el fin de semana, los sábados él llevaba un aparato de radio, marca Selena, y sintonizaba las películas que emitía Cubavisión. Él no sabía inglés, pero escuchaba los filmes… ¡y les ponía una portentosa atención!

Pero la cabina de Radio Progreso, independientemente que, por las penurias del tristemente célebre Período Especial, concluía sus transmisiones a las 01.00hs (de lunes de viernes y domingos) y a las 02.00hs (sábados), tenía un atractivo especial: la cantidad de oyentes que, debido a la inactividad, llamaban para conversar cualquier motivo.

En el tiempo que estuve como realizador de sonido en la “Onda de la Alegría” o de la “Emisora de la Familia Luberta Martínez”, como decía mi padre parafraseando eso de “Emisora de la familia cubana”, 1992 y 1994, atendía innumerables de exigencias telefónicas de personas que, evidentemente, no poseían sus cabales muy bien puestos que digamos.

Noche tras noche que “mi perro ladra mucho y no puedo dormir”, “necesito que me mi esposa no ronque más”, “quiero leerle un poema que escribí estar tarde, ¿puedo?”, “¿usted conoce algún remedio para no orinar tanto?”, “¿me puede indicar algo para el estreñimiento?”… hasta Lores, un amigo de mi viejo, que se tomaba el trabajo de discar el número para pedirme “por favor, un número de los Fórmula Quinta o Los Mustang”… y yo les atendía, muy correctamente hasta que el oyente se aburría de hablar conmigo sin darse cuenta que había propiciado un momento de solaz esparcimiento, tal y como afirmaba el inolvidable locutor Eduardo Rosillo.

En cierta ocasión, creo que los relojes indicaban las 23.30hs, suena el timbre. Atiendo y escucho la voz de un señor que, sin ofender, exigía una explicación sobre el recién finalizado Festival de la Canción OTI (el, o la, intérprete ganador o ganadora, representaba a Cuba en la convocatoria internacional).

A través del hilo telefónico pude comprobar su molestia, extrema. Con gran vehemencia reclama, me reclama, ¿a mí?, argumentos concretos sobre los motivos que condujeron al jurado a declarar vencedora a la cantante (no recuerdo su nombre pero juraría que fue una mujer).

El señor no me dejaba hablar. Decía, decía, decía, y paciente le asimilé toda la arenga. Quería hacerle entender que estaba haciendo catarsis con la persona equivocada, que yo era un simple realizador de sonido sin jurisprudencia alguna en el evento.

– ¿Cómo me lo saco de encima?- pensé al tiempo que tramaba hacer alguna de las mías- señor, escúcheme- le dije, en mal momento- lo único que puedo hacer por usted es darle el teléfono de la Presidenta del Jurado- error de mi parte fue darle el número de mi casa- pregunte por la compañera Caridad Martínez González, ella fue la Presidenta del Jurado OTI, reclámele a ella, no a mí.

Agradeció mi gesto, ¿de buena voluntad?, y cortó la comunicación. Mi alborozo era doble porque, en primer lugar había logrado evadir la andanza de exigencias del ofendido espectador, y, además, le había gastado una broma a mi madre que… Ringggggggggggggg… sonó el teléfono de la cabina apenas 3 minutos después de haber concluido mi última conversación y, para sorpresa mía, era la autora de mis días con un tono de voz nada agradable.

– Aldooooooooooooooo… ¿qué hiciste?- exclamó sin mediar otro tipo de saludo.

– ¿Yo?- pregunté haciéndome el inocente- estoy trabajando desde las 6 de la tarde.

– Llamó un hombre, preguntó por Caridad Martínez, y cuando le dije que soy yo me ofendió, me dijo que soy una corrupta porque estaba seguro que me pagaron para y cuando logré decirle que estaba equivocado, me dijo que soy una mentirosa porque había llamado a la cabina de Radio Progreso y le habían dado este número, y que Radio Progreso es una emisora seria donde no engañaban a nadie.

¿Cómo terminó la historia?

Me encontraba desayunando y mi viejo se me sentó al lado.

– Tú tienes que estar mal de la cabeza- reprochó fingiendo seriedad- ¿cómo tú les vas a hacer eso a tu mamá? ¡Tú no sabes bien en el lío que tú te metiste! ¿Tú sabes cómo se puso? Y lo peor vino cuando le dije que se tranquilizara, que se podía sentir orgullosa, porque gracias a Aldito, a su ingenio, habías sido, por un momento, Presidenta del Jurado de un evento tan importante como la OTI.

– ¡No fastidies!- exclamé estallando en risa- ¿qué te dijo?

– Uffffffff…me mandó lejísimo- contestó divertido mí inolvidable progenitor- no te tengo que decir para donde.

“Caridad Martínez, le estamos llamando de Radio Martí”

aldito niñoHacer bromas es una cualidad que me distingue desde tiempos inmemoriales. Con apenas 2 años estropeé una fotografía porque a última hora saqué la lengua provocando, me cuentan, el enfado del profesional de la lente. Mucho transcurrido para obtener una linda instantánea y “este chiquillo de”…

Los que me conocen, allegados o no, lo saben, y saben, redundo en el vocablo, que cualquiera puede ser blanco de mis infantiles cuchufletas. Lo fue, por ejemplo, mi tía Gladys, mi abuela Esperanza, muchos de mis amigos… y Caridad Martínez González, mi querida madre.

La fecha sagrada para mí es el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, aunque la data no tiene que ser señalada en el calendario para hacer una de las mías.

Lo que les narro es real. Lo que a continuación expongo es totalmente verídico y sucedió el 15 de abril de 2015, fecha que marcó las 5 décadas de la salida al aire de “Alegrías de Sobremesa”, espacio humorístico que por 52 años escribió Alberto Damián Luberta Noy, mi progenitor, y que era emitido por las frecuencias de Radio Progreso, “La Onda de la Alegría, como su eslogan lo afirma.

Siendo las 09.30am, hora de Paraguay, tecleo el número telefónico correspondiente a mi casa, aguardo unos segundos, y entonces escucho la voz, somnolienta, de mi madre. “Esta es la mía”, pensé.

– ¿Caridad Martínez González?- pregunto engolando la voz con el propósito de imitar a Marlon Alarcón Santana, Otto Dariel González, José Leandro Rodríguez, u otro de los locutores de nuestra querida emisora.

– Sí, soy yo.

“No me reconoció” aseguré y  reafirmando un tono de voz que no poseo y una dicción que nunca he soñado, recuerden que exhibo una asombrosa tartamudez desde que comencé a balbucear mis primeras palabras, voy a la carga.

– ¿El maestro Alberto Damián Luberta Noy se encuentra?

– No, acaba de ir al banco a hacer una gestión.

“Eureka”, me dije imaginando que Aristóteles había reencarnado en mí.

– Maestra, sabemos que hoy es un día trascendental para la Radio Cubana por eso queríamos conversar con su esposo, y consideramos que usted revista gran importancia para la fecha por ser una mujer de radio y, al mismo tiempo, amantísima cónyuge del artífice, del inigualable, de quien ha hecho reír a tantas generaciones de compatriotas, ¿podemos hacerle a usted una pequeña nota por esta vía?

– Sí, como no.

“Me la comí con la muela y cayó como palomita. De esta no te salvas, Caridad”, cavilé triunfal.

– ¿Esta lista?

– Sí, como no.

– Caridad Martínez, le estamos llamando de Radio Martí.

Silencio absoluto.

– Va a conversar con Huber Matos y Armando Pérez Roura.

Mutismo total.

– Ileana Ros-Lehtinen va a participar de la conversación porque está invitada al estudio.

La paz de los sepulcros se había apoderado de la línea telefónica.

– ¿Caridad Martínez, está en línea?

– Ejemmmm… ejemmm… ejemmmmm.

– ¿Le sucede algo?

– Bueno… yooooooo… aquiiiiiiiiiiiii…

– ¿Está lista?

– Mireeeeeeeee… con sumo respetoooooooooo…

– Mima, soy yo- acoté, velozmente, al notar que estaba dispuesta a interrumpir la comunicación.

– ¿Quién? ¿Aldo?

Si yo me encuentro lejos de Ciudad de la Habana ella se encargó de enviarme aún más allá. No sé si de repente me fui para la Patagonia, bien al sur de nuestro continente, o para la China, pero les puedo asegurar que por voluntad de la autora de mis días me trasladé a un recóndito lugar, quizás no localizado en el mapamundi, a la velocidad de la luz.

Aclaración válida: Para los que no conocen, Radio Martí tiene su sede en los Estados Unidos y es una emisora muy crítica con el régimen cubano, así que se pueden imaginar los efectos de ofrecer una entrevista para ese medio aunque me han dicho que ya no lo es tanto. Esto último no me consta ni lo creo tampoco.

El tiempo, mi padre, y la eternidad

luebtrtaCuando el 23 de enero de 2017, aproximadamente a las 19.00hs, identifiqué que mi dispositivo celular señalaba una comunicación desde Cuba, realmente, presagié lo peor. En efecto, la voz de mi madre, entrecortada pero firme, logré escuchar: “Gordo, ya se produjo el desenlace”.

Lacónica fue la frase pero transmisora de un dolor extremo. Había dejado de existir quien por espacio de 48 años y 4 meses compartió el diario quehacer, con sus alegrías y sinsabores; había fallecido mi padre; había sucumbido a los embates de una cruel enfermedad el mismo que desde el 15 de abril de 1965 hizo reír, o al menos sonreír, diariamente, a millones compatriotas; había ratificado su condición de leyenda, para la eternidad, Alberto Damián Luberta Noy.

Reconozco, a pesar de los 12 meses transcurridos, que aún me cuesta creer que no se encuentra entre nosotros con su humor criollo y refinado, su carcajada que inoculaba optimismo al amargado más impermeable, sus comentarios certeros, y sus sabios consejos, que continué recibiendo a pesar de la distancia y de rozar las 5 décadas de vida.

La vida de mi viejo comenzó a apagarse en el mes de diciembre de 2015. Se fue extinguiendo paulatinamente, empero, nunca perdió el alborozo, muy característico en su persona, ni mucho menos las ansias por continuar compartiendo en el mundo terrenal.

Su sonrisa se mantenía imperturbable a sabiendas que su cuerpo no respondía al tratamiento oncológico que le fue impuesto.

Murió mi progenitor, y con su postrero estertor perpetuó la estela de alegrías que supo diseminar.

“El ‘Lube’ está con nosotros y tú lo sabes”, escribió Fabio Bosh, nuestro querido “Fabito”, Premio Nacional de Radio’ 2017. Y sí, el viejo no se ha ido, ni se irá nunca. Continúa su andar pausado luciendo, humildemente, una guayabera; insiste, trago en mano, en animar a sus queridos e idolatrados Industriales; se empeña, hasta el cansancio, en enfrascarse leyendo, ávidamente, hasta altas horas de la madrugada; persevera, en franca porfía con la triste realidad, en teclear, con espasmódica y convulsa rapidez, luchando por concluir un libreto, algo que lo mantuvo en vilo aún hasta, prácticamente, sus últimos respiros.

Papá, “Fabito” tiene razón. Acá sigues, por eso escribo un agradecido hasta luego. Un beso, viejuco, y gracias por impulsarme a pesar de la momentánea partida.

Se te extraña, ¿sabes?