Entre el sexo canino y la dentadura postiza

emccNunca fue mi jefe, ni tampoco tuvo que ver, directamente, con mi persona en ninguno de los 3 años que cursé en la Escuela Militar “Camilo Cienfuegos” de Capdevila,  debe der ser que lo recuerdo únicamente por su alias: “El zombo” o “El sombo” o “El sonvo” o “El zonvo”; de hecho desconozco la ortografía correcta para dicho vocablo pues, como deben de suponer, la palabra nace una ingeniosa mente que en ese momento no tuvo algo más interesante que hacer sin saber, obviamente, sin proponerse que su aporte lingüístico iba a trascender décadas.

“El zombo”, y vamos a asumir así la palabra, ostentaba los grados de capitán, y su función laboral lo vinculaba a la compañía #3, cuando ingresé que mi querido e inolvidable centro escolar, entiéndase el primer año del preuniversitario, o lo que es lo mismo el décimo grado.

Era bajito, de tez oscura, y lo distinguían 2 cualidades: una establecida gordura que cuando caminaba hacía temblar su cuerpo cual flan de leche vertido en plato o taza de gelatina, y una, desesperante puedo decir, lentitud que le atrasaba desde el caminar hasta el razonamiento.

– Ehhh/ ehhh/ ehhh/ ehhh/ que baile “El zombo”/ Ehh/ ehh/ ehh/ ehh/ ehh/ que baile “El zombo”

Se solía escuchar, a coro, a viva voce, en horario nocturno con bastante frecuencia desde los predios donde pernoctaban los alumnos de la compañía #3, grado #11, lo que hacía suponer, o ratificaba, que el querido “Zombo” estaba cumpliendo con su servicio de guardia.

– A ese tipo nadie le hace caso- me comentó en cierta ocasión José Pablo Sánchez Ríos, Pablito, mi hermano de la infancia, que estaba bajo la égida de tan ilustre oficial de las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)- es buena gente pero con esa figura y la idiotez que tiene todo el mundo le dice hasta alma mía y él como si nada.

Y precisamente Pablito, subordinado de “El zombo”, fue quien, siendo alumnos ambos de la EMCC de Capdevila, me contó “lo que se puede decir la mala suerte del capitán, pues quiso imponer respeto pero las cosas de la vida se lo impidieron”.

LA ANÉCDOTA COMO TAL

Mes de mayo de 1985, 03.30pm, aproximadamente. Polígono de infantería. Los alumnos de la 3ra compañía en posición de firme bajo el extenuante, y calenturiento, sol tropical. Los alumnos de la 3ra compañía, promedio de edad 16 años, vistiendo, con mucho sofoco, el nada elegante uniforme de campaña, reitero en posición de firme, y en silencio absoluto.

“El zombo”, también en posición de firme y también vestido de campaña, había ordenado, por 4ta o 5ta ocasión, “firmeeeeeeeeeeeeeeeee”, y los adolescentes, aprendices de militares, habían acatado la orden, quizás por lástima con el intrascendente jefe, o quizás sabiendo que de no cumplir con la voz de “firmeeeeeeeeeeeeee” el castigo bajo el astro rey sería interminable.

Cuenta José Pablo, Pablito, el nieto de Olga y Rodolfo e hijo de Nidia y Pablo, que cuando “El zombo” percibió que el quórum uniformado había cumplido su objetivo comenzó a arengar, a amenazar, sobre la necesidad de profesar respeto hacia los superiores.

– Yo he sido bueno con ustedes- acotó- pero de ahora en adelante no va a ser así. Ustedes no merecen que uno sea complaciente, porque se les da un dedo y se hacen dueños de la mano completa. Yo he querido en todo momento ser bueno con ustedes, y lo que he recibido son burlas y abusos. Yo no merezco eso que…

Un refrán, antiquísimo, expresa que “el que nace para martillo del cielo le caen los clavos”, frase que, perfectamente, se puede aplicar en el caso de “El zombo”.

– Quiso imponerse, pero le salió mal- me comentó divertido Pablo- pobre tipo. De verdad que me dio pena.

Sucedió que arengando en su reclamo surgieron, de la nada, cual Ave Fénix, una perra y un perro, propiedad de Eleuterio, anciano encargado del hato de carneros y la cría de gallinas de la escuela, “viejo verde prostibulario y mentiroso como pocos”, como lo calificaría, quizás en broma, Julito, profesor de Física, un negro delgado y alto como una vara, que mostraba una guapería al hablar que daba risa.

Los perros de Eleuterio, perra y perro, aclaro, no inspiraban temor alguno; eran mansos y, al mismo tiempo, nos resultaban familiares. No obstante, lo que interrumpió el dolido discurso del “El zombo” no fue la fiereza de los caninos, algo que no tenían, ni los ladridos que sí molestaban; lo hizo trizas la intervención del capitán fue el deseo sexual la aparición mamífera.

Imagínense la escena: “El zombo” intentando imponer respeto y, de la nada, surgen representantes de ambos sexos del “mejor amigo del hombre” y comienzan a concretar el coito a escasos centímetros de su persona.

– El capitán quedó impávido, hermano, tenías que haberlo visto. Y a nosotros no nos quedó más remedio que estallar en risa. Pero no quedó ahí

– ¿Hay más?- le pregunté a Pablo.

– Muchacho…

“El que nace para martillo del cielo le caen los clavos”, repito, y “como no hay una sin dos”… “El zombo” interrumpió su blablablá y pudo ahuyentar a la pareja de perros (pobrecitos tan deseosos estaban) ante la burla de los alumnos, y cuando quiso retomar…

– Firmeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

Caso omiso.

– Firmeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

Continúan las risas.

– Firmeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

El quórum insiste en la diversión.

– Firm…

Silencio total. Ni “El zombo”, imposibilitado de continuar hablando, ni los alumnos, disfrutando aún el inconcluso proceso coital canino,  daban crédito a lo que había sucedido: la dentadura postiza del compañero capitán había salido proyectada con fuerza brutal y rodado hasta los pies de los “camilitos” ubicados en primera fila, mostrando no pocas partículas de tierra incrustadas.

– ¿Y qué pasó después?

– La explosión de risa fue tan grande que “El zombo” recogió la dentadura, la limpió en el pantalón, se la puso, y mandó a romper fila. ¡No podía seguir hablando”.

Me contó Hernán Telléz, compañero de aula de Pablito, que alguien gritó: “el capitán no puede seguir hablando porque se le cayó el cassette”.

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La mujer a la casa, no a los Juegos Olímpicos

ama de casaImaginemos que hoy es 6 de abril de 1896 y que estamos en Atenas, Grecia, para ser testigos de la inauguración de los Primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, donde van a competir 241 atletas de 14 países.

Los relojes marcan las 16 y 40 horas. El estadio olímpico hace silencio. El rey de Grecia Jorge IV se acerca lentamente al estrado principal para dejar abierta, oficialmente, la 1ra edición olímpica de nuestros tiempos:

“Proclamo la apertura de los primeros Juegos Olímpicos internacionales en Atenas. Larga vida a la Nación. Larga vida al pueblo griego”.

Expresa el soberano y el silencio es roto por una larga ovación. Se aplaude. Se aplaude emocionadamente. Se aplaude a los futuros campeones olímpicos, pero además, se aplaude a uno de los actos más discriminatorios contra la mujer que se ha podido constatar: Los Juegos Olímpicos de la Era Moderna.

pierredecoubertinEl francés Pierre de Freddy, Barón de Coubertain, segundo presidente en la historia del Comité Olímpico Internacional (COI), fue el gran culpable de lo anterior ya que se opuso totalmente a la participación femenina en ese tipo de eventos.

Afirmaba que “la mujer estaba destinada a la casa; a atender al hombre para que este pudiera enfrentarse a los más rudos deportes sin preocupación alguna”.

Nada es perfecto, y muchísimo menos la mentalidad de un Barón. A Coubertain se le agradece el hecho de retomar los Juegos Olímpicos, pero no el discriminar al mal llamado sexo débil.

La mujer reclamó el derecho al deporte y lo logró tras 32 años de lucha. El primer paso se da en 1917 cuando se constituye la Federación Francesa de Deportes Atléticos, y 2 años más tarde, en 1919, se crea una institución similar en Inglaterra.

1921 señala el inicio de las competiciones de atletismo femenino con motivo de los Juegos de Montecarlo. En dicho certamen participaron mujeres de 5 naciones, resultando vencedoras las representantes inglesas en 5 de las 11 pruebas celebradas.

También, en 1921, exactamente el 31 de octubre, se crea en París la Federación Deportiva Femenina Internacional (FFIS) que solicitó al COI la apertura del programa olímpico a la participación de la mujer. La petición fue denegada y en consecuencia la FFIS organizó los I Juegos Olímpicos Femeninos con la partición de 5 equipos franceses.

La edición de los II Juegos, en 1926, en Gotemburgo, Suecia, tuvo que cambiar de nombre. De Juegos Olímpicos Femeninos pasó a nombrarse Juegos Mundiales Femeninos, pero aun así tuvieron, con justeza, gran destaque de la prensa y, por sobre todo, muchos elogios por su organización y calidad participativa.

La lucha iniciada en 1896 estaba dando sus primeros frutos.

Tal es así que para los Juegos Olímpicos en Ámsterdam 1928 la mujer estuvo presente en el atletismo, tenis, natación y gimnasia, destacándose en esta última la italiana Luigina Giavotti, medallista de plata con solo 11 años de edad que le arrancó a Johnny Weissmüller, quien años más tarde se convirtiera en el mítico Tarzán, el titular de la prensa: “Niña italiana asombra al mundo con su presea de plata, mientras que el nadador estadounidense Johnny Weissmüller se convierte en el primer humano en cronometrar menos del minuto en los 100 metros espalda”.

De 1928 a la fecha han transcurrido 81 años; 81 años de glorias olímpicas; 81 años donde la mujer, con justeza, no ha estado ausente en los Juegos Olímpicos tejiendo, a la par de los hombres, leyendas deportivas dignas de admirar.

wilmaNombres como los de la mozambicana María Mutola, la cubana María Caridad Colón, la mexicana Ana Guevara, la japonesa Rioko Tamura, la estadounidense Wilma Rudolph, conocida también como “La Gacela Negra” están inscriptos en la historia olímpica moderna.

“La Gacela Negra” de niña sufrió poliomielitis, de niña padecía parálisis en sus piernas, y gracias al empeño de su madre abandonó el sillón de ruedas para escalar 3 veces, durante los Juegos Olímpicos de Roma, 1960, lo más alto del podio de premiaciones convertida en campeona.

“Alegrías de Sobremesa”: mi eterna gratitud

pipo cmq1“El 1 de julio voy a trabajar con deseos para tener la enorme satisfacción de haberlo hecho durante 70 años de mi vida”, me cuenta mi madre que así le decía, constantemente, Alberto Damián Luberta Noy, su compañero en la vida durante 48 años, más que escritor, artífice de tan gustado espacio humorístico que, desde hace más de 5 décadas, 52 “abriles” para ser exactos, emite Radio Progreso, “La emisora de la familia cubana”, bautizada por mi progenitor como “La emisora de la familia Luberta Martínez”.

Según archivos el 1 de julio de 1547 su Santidad Paulo III crea la diócesis de Paraguay, el 1 de julio de 1908 se adopta el SOS como pedido de auxilio internacional, el  1 de julio de 1924 se funda la República Popular de Mongolia, el 1 de julio de 1942 durante la II Guerra Mundial se produce la cruenta batalla de El Alamein, el 1 de julio de 1947 en La Habana, Cuba, inicia sus transmisiones la emisora Radio Reloj, y en la mencionada fecha, un bisoño de apenas 15 primaveras, nacido el 27 de septiembre de 1931, comienza sus labores, como copista de libretos, en la Radio Cubana, como copista de la desaparecida CMQ, carrera interrumpida, únicamente, por su deceso, víctima de cáncer, el 23 de enero de 2017, a la edad de 85 años.

“Tengo el honor de haber copiado, íntegramente, ‘El derecho de nacer’, la novela de pipo y yo3Félix B. Caignet. A mí me confiaron desde el primer capítulo hasta el último. Y el haber sido copista de libretos me dio la oportunidad de adquirir una gran cultura y cotejar estilos. Es como leer. Gracias a eso me convertí en escritor”, afirmó “el viejo” en innumerables oportunidades.

Antes de continuar una anécdota:

En 1981, en los albores de mis 12 años de vida, tuve la oportunidad de visitar, por vez primera, la provincia de Sancti Spiritus, exactamente el municipio Yaguajay. Para mí, además de la aventura de conocer nuevos lares, significó la primicia de viajar a otros lares sin la compañía de mi núcleo familiar. La invitación fue hecha por Zenaida La’O Borroto, mi querida Aidita, que con el correr de los años fue, también, compañera mía en Radio Progreso.

Un día viernes, a la tarde, partimos (Aidita, Miguel- su ex esposo- y Ariel y Abel, fruto del matrimonio de ambos), y ese mismo día, en horario nocturno, arribamos a buen puerto, y en la jornada siguiente, sábado, muy temprano, partimos hacia la localidad de Jobo Rosado, campestre lugar que había servido de residencia a Ramón y Onelia, abuelos maternos de mis amigos, hasta unos escasos meses antes de nuestra visita.

La alegría de los pobladores fue emocionante. Besos, abrazos, saludos efusivos por la repentina, y no anunciada aparición. Yo, haciendo gala de algo que no me ha caracteriza en mis cuasi 48 “junios”, quedé detrás embargado por un sorpresivo miedo escénico, hasta que alguien se percató de mi presencia.

“¿Este quién es?”, se escuchó decir a una voz masculina. “Un amigo de nosotros que lo trajimos de La Habana para que conociera el lugar”, respondió la siempre cariñosa Aidita. “Por cierto”, agregó Miguel, “es hijo de Alberto Luberta el escritor de ‘Alegría de Sobremesa’”.

alegrias2La reacción aún me emociona. Reconozco que me asusté, un tanto, cuando el grupo de personas se abalanzó hacia mí profesando un cariño inmenso hacia mi padre y su programa. “Que Dios siempre lo bendiga”, “mucha salud para él”, “dale un abrazo y dile que lo queremos mucho”, “yo nunca lo he visto pero debe de ser un hombre hermoso”, “él nos acompaña siempre”, “imagínate que acá hasta hace poco no había luz eléctrica y lo que hacíamos era escuchar radio”, “dile que se cuide que nos hace mucha falta”…

Ahí comprendí quién es mi padre, ahí comprendí la importancia de “Alegrías de Sobremesa”, no solamente para la radio sino para la vida del cubano.

Concluyo la anécdota y continúo.

La buena salud de “Alegrías de Sobremesa”, que salió al aire por vez primera el 15 de abril de 1965, era, sin dudas, asombro de cubanas y cubanos, empero, la pregunta sempiterna siempre estuvo latente: ¿qué va a suceder con el programa cuando Luberta no lo haga?

La interrogante que acompañó por buen tiempo la vida del gustado espacio humorístico tiene ya respuesta: las emisiones cesan, definitivamente, el próximo 1 de julio, fecha en que Luberta, “Pipo”, “Papi”, “Berty” o “El padrino”, como cariñosamente le llamaban en la emisora, hubiese arribado a 7 décadas de vida artística.

Decisión dolorosa pero inevitable.

Casi 6 meses después de la partida de mí progenitor se marcha, también, su mejor alegrias1proyecto audiovisual. Para “Alegrías de Sobremesa”, espacio que aglutinó a lo más selecto del humor y la música en Cuba entre 1965 y 2017, mi eterna gratitud. Mi formación, mi proyecto de vida, la ruta profesional que con acierto escogí, se los debo también a “Paco y Rita”, como también es señalado “Alegría de Sobremesa” por los nombres de sus personajes protagonistas, interpretados por Idalberto Delgado y Marta Jiménez Oropesa (ambos en la fotografía), fallecidos en 1989 y 2015, respectivamente.

Luberta dejó de existir y “Alegrías de Sobremesa” lo hará el 1 de julio próximo. Para ambos la inmortalidad y la añoranza. Para ambos la nostalgia por el viaje sin regreso. Para ambos ese deseo del reencuentro. Convencido estoy de que se va echar de menos de la ausencia en el dial del tan familiar “Aquí… Radio Progreso… Presentando… ‘Alegrías de Sobremesa’”. Por eso parafraseo y hago mío eso que una vez alguien escribió para exclamar: “alguna vez nuestros nietos preguntarán quién fue Alberto Luberta el escritor de ‘Alegrías de Sobremesa’”.

“Con el título… ¡pero sin el himno!”

josyLa XV edición de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna se celebraron, exitosamente, en Helsinki, capital de Finlandia, entre los días 19 de julio y 3 de agosto de 1952. E insisto en el vocablo exitosamente porque, por ejemplo, la cita finesa estableció récord en cuanto a marcas mundiales impuestas solo superado por los juegos de Beijing’2008… ¡56 años después!

Helsinki’1952 marcó el debut olímpico de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas e Israel, y protagonizó el regreso a este tipo de competiciones de Japón y Alemania. Participaron 4 mil 955 deportistas de 69 naciones y se disputaron 149 juegos de medallas en 17 distribuidas en 17 disciplinas.

Entre los atletas participantes, 4 mil 436 hombres y 519 mujeres, el checoslovaco Emil Zatopek, apodado “La locomotora humana”, asombró al mundo al conquistar los títulos, con récord olímpico incluido, en las agotadoras pruebas de 5 mil y 10 mil metros, y, como si no bastara, también en la maratón, a pesar de que en esta última era la primera ocasión que competía.

Además, su esposa, Dana Zatopekova, para no ser menos que el cónyuge, subió a lo más alto del podio tras lanzar la jabalina más lejos que ninguna de sus contrincantes.

En el atletismo, además del célebre matrimonio, trascendió los nombres de Ademar Ferreira da Silva (Brasil – titular en triple salto), Marjorie Jackson (Australia – oro en los 100 y 200 metros planos), John Mikaelsson (Suecia – vencedor en los 10 kilómetros – Marcha), las soviéticas Gabina Zybina y Nina Ponomaryova, campeonas en Lanzamiento de la Bala y Lanzamiento de Disco, respectivamente y… el luxemburgués Joseph Barthel, “Josy”, que, contra todos los pronósticos, llegó primero a la meta en los mil 500 metros.

Hago énfasis en Barthel (24 de abril de 1927-7 de julio de 1992) porque, independientemente de su éxito, además de ser el único representante de Luxemburgo que ostenta la condición de campeón olímpico, fue centro de un suceso, quizás, único en la historia.

Sucede que “Josy”, alias con el que también es reconocido en los anales históricos, tras su victoria debió de ser premiado, tal y como tradicionalmente sucede, no solo en Juegos Olímpicos, sino en cualquier competencia deportiva. El luxemburgués en lo más alto del podio de honor, presea dorada en su cuello… emocionante momento, pero sin el himno de su país.

¿Sin himno? ¿Por qué sin el himno? ¿Problemas políticos? ¿Alguna situación étnica o racial? ¿Por qué en la ceremonia de premiación de los mil 500 metros planos, de los Juegos Olímpicos de Helsinki’ 1952, no se escuchó el himno de Luxemburgo?

La razón es tan sencilla como insólita.

Al parecer ninguno de los miembros del Comité Organizador de los juegos reparó en eljosy2 atleta luxemburgués, o si alguien lo hizo no imaginó que iba a sorprender son el título en la disciplina que participó, porque la orquesta que interpretaba, en vivo, los himnos nacionales de los vencedores, ni tenía idea de la melodía ni tampoco poseía partitura alguna del canto patrio de Luxemburgo.

Por suerte el título de Joseph Barthel eclipsó la ausencia del himno. En las fotografías se aprecia a “Josy” recibiendo el título, feliz, esbozando una sonrisa, como es costumbre de un gran campeón, de un atleta que se encargó de ubicar a Luxemburgo, minúscula nación europea, entra las naciones que exhiben, al menos, una medalla de oro en citas olímpicas.

Como justo homenaje el estadio sede del equipo nacional luxemburgués lleva su nombre al igual que el liceo técnico de Mamer, su ciudad natal.

Me entrevisté con Aldo Zuccolillo pero…

ABC-ColorCuando el 6 de marzo de 2006 arribé a Paraguay la mayoría, la gran mayoría, por no afirmar que absolutamente todas, de las personas que fui conociendo me dieron el mismo consejo: procurar por todos los medios trabajar en el diario ABC Color, porque es el de más prestigio que existe en Paraguay.

Agradecí a quienes, con tan buenas intenciones, me habían formado sobre el muy renombrado medio de prensa, y comenzaron mis malabares, por así decirlo, por pertenecer al staff de periodistas del informativo impreso.

Entregué ¿decenas? (creo que perdí la cuenta) de currículums vitaes impresos, envié ¿docenas? (creo que también perdí la cuenta), también currículums vitaes, en versión digital, fui entrevistado por ¿7 u 8? (volví a perder la cuenta? jefes de áreas y departamentos.

Incluso, con uno de ellos entablé una larga conversación al preguntarme si yo conocía de la vida de José Raúl Capablanca Graupera, el gran ajedrecista cubano, titular del mundo entre los años 1921 y 1927; de hecho, en el ámbito de los trebejos, es el único jugador que ostenta la condición de campeón del proveniente de un país de habla hispana.

Tras ofrecer “una tesis cuasi doctoral” acerca de la vida de una personalidad cubana que admiro tanto, después de darle a conocer que en la localidad asuncena de Ciudad Nueva hay una pequeña escuela de ajedrez que lleva su nombre, luego de informarle que en la urbe lambareña existe una calle que fue bautizada José Raúl Capablanca, me felicitó por mis conocimientos y me informó que “lamentablemente no hay vacantes pero te vamos a tener en cuenta”.

En los años que refiero, finales de 2007 y comienzos de 2007, yo ejercía la docencia en la Universidad del Norte, Uninorte. Entre mis alumnos de periodismo se encontraba, y me reservo el nombre, un muchacho que es funcionario del diario. Hicimos buena amistad, amistad que, afortunadamente, aún conservamos, y cuando le comenté de mis intenciones, y no dudó en ofrecerme su comentario al respecto: “profesor, le voy a decir algo, trate de entrevistarse con Aldo Zuccolillo, el dueño y director del diario. Solo él decide quién entre y quién no. Ahora, le explico algo. Si Zuccolillo conversa todo el tiempo con usted, o sea, la entrevista se la hace él, únicamente él, tiene el 95% de probabilidades de trabajar en ABC, pero si él habla unos breves minutos con usted y lo deriva con otro funcionario entonces olvídese del diario”.

Ahí comenzó mi otro “calvario”. Ya no era entregar el currículum vitae; a lo anterior se sumaba concretar una conversación, nada más y nada menos que con Aldo Zuccolillo. “Mi tocayo tiene que recibirme”, y así fue. Una mañana recibí la comunicación de su secretaria que “Acero”, así le dicen aunque muchos afirman que es su segundo nombre,  iba a recibirme.

Me coloqué mis mejores galas, me embadurné con mi mejor perfume, y cual Quijote de la Mancha, partí hacia el diario a enfrentarme con uno de los gigantes de la realidad paraguaya.

No llegué a la hora en punto, sino, como es mi costumbre, unos minutos antes. Aguardé, apenas, hasta que una figura femenina, supongo que la misma que había conversado conmigo vía telefónica, me convidó a penetrar en la oficina de tan afamada personalidad.

Reconozco que me impresionó. Pensé que mi interlocutor, por la edad referida, iba a ser un anciano encorvado, pero no. Me recibió un señor alto, fornido, y, lo que más llamó mi atención, andaba descalzo. Sí, andaba descalzo, y no porque no tuviera economía para un par de zapatos, sino que, y lo supuse, era su costumbre.

Tras un fuerte estrechón de manos me invitó a sentar. Algo que hizo después de que acepté su invitación. Se acomodó en su silla de trabajo, sobre su mesa descansaba mi currículum vitae, el enésimo que había entregado, y… “Me gusta tu hoja de vida, pero sucede que yo no contrato cubanos porque vienen a Paraguay y al poco tiempo se van a Estados Unidos. Ven, que Rubén Céspedes te va a atender”, comentó con velocidad vertiginosa.

Esa fue mi entrevista con Aldo Zuccolillo. Así de rápida y desalentadora. Cuando me derivó a Rubén Céspedes recordé las palabras de mi alumno y comprendí que las puertas del diario ABC Color se habían cerrado para Aldo Luberta Martínez. Al concluir el fugaz encuentro me vino a la mente el velocista  jamaicano Asafa Powell, que en el año 2007 había impuesto la mejor marca de la temporada en los 100 metros planos con tiempo de 9 segundos y 74 centésimas.

– Creo que mi tocayo hizo trizas el tiempo de Asafa- ironicé para mis adentros- no importa, la vida sigue- me autoconsolé impotente.

Siempre que comento la anécdota lo hago en tono jocoso y divertido, qué otra opción tengo porque ya han transcurrido 10 largos años y mi vida profesional la encaminé en otros medio de comunicación tan importantes y de referencia como ABC Color. Por ejemplo, Radio Ñandutí, Telefuturo, canal 13, el diario 5dias, y la productora audiovisual “El bagre” a la que agradezco, infinitamente, el haberme dado la oportunidad de vincularme a la realización de documentales para ls televisión nacional.

Con Aldo Zuccolillo nunca más conversé. La vida no me dio la oportunidad de volver a coincidir con su persona, algo que me hubiese gustado. Después de 10 años le doy gracias por su tiempo, aunque fueron unas centésimas más que la marca del exitoso velocista caribeño, y le expreso que, como toda ley tiene su lado flaco, aún me encuentro en Paraguay.

No todos los cubanos se marchan a Estados Unidos, tocayo; Sandra, Owen, Abelito, Lissette, Don Pino, llevan, como yo, más de una década en nuestro querido Paraguay. Llevan no, llevamos, quise decir. Llevamos no, llevaremos, es mi intención de decir. Para usted, un abrazo sincero.

“¿Por qué tanta saña contra él?”

Kwon Ho Sim, Lazaro Rivas Yong Gyun KangEl Festival Nacional de la radio cubana correspondiente al año 2000, en territorio de la provincia de Sancti Spiritus, es, y será, inolvidable para mí. No solo en el plano profesional fui reconocido, sino que personalmente tuve la oportunidad de compartir con colegas, mis eternos colegas, de emisoras sitas desde el Cabo de San Antonio hasta la mismísima Punta de Maisí, sino que, además, tuve el privilegio de competir en el lugar que pernoctamos, el hotel “Zaza”, se alojó el equipo cubano de Lucha Grecorromana participante en el tradicional Torneo “Cerro Pelado” que en la ocasión tenía la sede en la tierra de Serafín Sánchez.

Al reaccionar, ante tal selecta constelación de estrellas, me di a la tarea de saludar, con respeto, privilegio, y admiración a figuras, establecidas, como Filiberto Azcuy, Reinaldo Peña, y otras, como Lázaro Rivas Scull, que a pesar de su notable juventud ya exhibía el título de Campeón Mundial de Mayores, categoría 54 kilogramos, obtenido en Atenas, Grecia, en 1999.

“Sí, mi nombre es Lázaro Rivas, pero cuando preguntes por mi llámame por mi apodo. Me dicen ‘Cocuyo’. Allá en mi tierra, San Nicolás de Bari, me pusieron así y así me dice todo el mundo. Soy negro, bajito (1.59 metros), flaquito (54kgs), y tengo los ojos saltones. ¿No me parezco a un cocuyo?”, me comentó sonriente. “Así que no tengas pena de decirme ‘Cocuyo’ porque ya estoy acostumbrado.

Y así sucedió. A pesar de que fueron escasas las circunstancias de intercambiar siempre, siempre, le llamé “Cocuyo”.

A su regreso de los Juegos Olímpicos de Sídney, año 2000, nos encontramos, casuísticamente, y me expresó su inconformidad con el resultado obtenido. “No quería la medalla de plata, pero no se pudo hacer otra cosa. Sim Kwon Ho (Corea del Sur) me ganó. Él fue mejor que yo”.

Solíamos enviarnos saludos a través de terceros. “Oye, gordo, ¿sabes quién te envía un abrazo? ‘Cocuyo’. No sabía que ustedes se conocen. ¿De dónde tú conoces al loco ese?”

Cuando el 6 de marzo de 2006 me trasladé a residir en Paraguay perdí todo contacto con él. Solo sabía de sus éxitos a través de notas de prensa publicadas en Internet. Por internet estuve al tanto de sus éxitos, insisto, y, también, por Internet, un año después, supe de su trágico, e inexplicable, fallecimiento el 22 de diciembre de 2013.

Escuetos artículos referían al ex atleta asesinado, con apenas 38 años, durante las festividades de fin de año en San José de las Lajas, municipio cercano al que lo vio nacer. “Aldito, fueron 11 puñaladas”, me escribió Alexis Rivalta, “Macao”, un amigo en común. “Estuvo en terapia intensiva. Había perdido mucha sangre. Le estaban operando una herida en el cuello y le dio un infarto masivo. El que lo asesinó se entregó a la policía. Creo que se llama Wilfredo. Fue muy triste todo”.

Aún guardo el correo electrónico. Lo recibí a comienzos de 2015 y, confieso, que lo he leído cientos de veces porque aún me cuesta saber que Lázaro Rivas Scull, “Cocuyo”, ya no está con nosotros. Pero lo más difícil es que no hallo respuesta a la interrogante que en tantas ocasiones me he formulado: ¡11 puñaladas! ¿Por qué tanta saña contra él?

A manera de información:

Lázaro Rivas Scull (San Nicolás de Bari, 4 de abril de 1975 – San José de las Lajas, 22 de diciembre de 2013. Además de titular mundial (Atenas’1999) y subcampeón olímpico (Sídney’2000) fue campeón, en 2 ocasiones, de los Juegos Panamericanos (Winnipeg’1999 y Santo Domingo’2003), y subió, 8 veces, a lo más alto del podio de premiaciones en torneos continentales (1996, 1997, 1998, 2000, 2002, 2004, 2005, y 2006). Su palmarés muestra medallas de bronce mundiales en los torneos de Patras, Grecia (2001) y Creteil, Francia (2003). Era un atleta que se destacaba por una depurada técnica y una formidable velocidad en el colchón.

“Nos dimos cuenta de que no podíamos mantenerlo alejado”

juan emilioElla fue a nacer/ en una fría sala de hospital/ cuando vio la luz/ su frente se quebró como el cristal/ porque entre sus dedos a su padre como un pez se le escurrió/ hace un mes cumplió los veintiséis/ solo pienso en ti

“Solo pienso en ti”, es el título de un tema musical interpretado, y puedo afirmar que también inmortalizado, por el español Víctor Manuel. “Solo pienso en ti”, que en no pocas ocasiones Víctor Manuel lo ha interpretado a dúo con Ana Belén, narra la historia de amor de 2 jóvenes con capacidades especiales recluidos en un centro especializado. Ella y él, o él y ella, como son identificados, protagonizan el relato musicalizado, que suele provocar emociones en quienes son dados a escucharlo.

Hey, sólo pienso en ti/ juntos de la mano, se les ve por el jardín/ no puede haber nadie en este mundo tan feliz/ sólo pienso en ti

Sin embargo, los protagonistas, y redundo en la palabra, de este artículo no son ella y él, o él y ella, sino María José y Juan Emilio, 2 jóvenes con capacidades especiales, pero con realidades muy distintas a los que encarnan la descripción expuesta en la canción de referencia.

Él nació de pie/ le fueron a parir entre algodón/ su padre pensó/ que aquello era un castigo del señor/ le buscó un lugar para olvidarlo/ y siendo niño le internó/ pronto cumplirá los treinta y tres/ sólo pienso en ti

María José Cáceres y Juan Emilio Schaerer, o sencillamente “Majo” y Emilio, son muchachos, en plena mocedad como lo muestran sus edades, que padecen Síndrome de Down, trastorno genético descrita por, primera vez, por el médico británico John Langdon Haydon Down, en 1886.

Hey, sólo pienso en ti/ juntos de la mano, se les ve por el jardín/ no puede haber nadie en este mundo tan feliz/ sólo pienso en ti

“Al principio el mundo se nos vino encima”, afirmó Ada Liz de Schaerer, madre de Juan Emilio, “pero luego nos dimos cuenta de que no podíamos mantenerlo alejado, escondidito de la sociedad. La sociedad los relega, los discrimina, y un poco comprendo que las madres de un niño normal no quieran que sus jueguen con un niño que padece el Síndrome de Down, por eso, mi esposo y yo nos propusimos explotar las capacidades físicas que Dios le dio a nuestro hijo, y el resultado es que en Paraguay, actualmente no existe ningún otro joven con Síndrome de Down que domine tanto el patinaje de carrera, como el patinaje artístico.

En el comedor/ les sientan separados a comer/ si se miran bien/ les corren mil hormigas por los pies/ ella le regala alguna flor/ y él le dibuja en un papel/ algo parecido a un corazón/ sólo pienso en ti

Pero la realidad de Juan Emilio va más allá de ser el único joven con Síndrome de Down que domine ambas variantes del patinaje; este noble mocete se ha coronado varias veces Campeón Sudamericano, en la modalidad de patinaje artística, tanto en el plano individual, como en pareja. En esta última lo ha acompañado a lo más alto del podio de premiaciones, su amiga, y compañera en el deporte, María José Cáceres, siempre bajo la mirada crítica y paternal del entrenador Marcio de Castro.

Hey, sólo pienso en ti/ juntos de la mano, se les ve por el jardín/ no puede haber nadie en este mundo tan feliz/ sólo pienso en ti

Los conocí en el evento de Pesca de Playa para jóvenes con capacidades especiales que, de manera excepcional, organizó la Asociación Paraguaya de Caza y Pesca. Conversé con ambos y, además de su locuacidad, comprobé el orgullo que experimentan al ser representantes del deporte paraguayo. Al marcharse, en compañía de sus familiares, tuvieron la gentileza de ofrecerme un gesto de despedida, durante la espera para el comienzo del evento de Pesca de Playa vespertino, como merecido homenaje a “Majo” y Emilio, se me ocurrió modificar la estrofa más popular de “Solo pienso en ti”:

Hey, solo pienso en ustedes/ juntos de la mano, se les ve bien competir/ no puede haber nadie en el este mundo más feliz/ solo pienso en ustedes

“Cuando íbamos a formalizar la relación el Ycuá me lo llevó”

GladysAnte mí Gladys Guerreño, una señora poseedora de una eterna sonrisa. Sonrisa que se hace aún más llamativa cuando decide dar a conocer su historia de vida. Maestra de profesión, Gladys conoce, cuasi a la perfección, los intríngulis que exige el proceso de comunicación, por eso la entrevista concretada fluye dinámica y atractiva. Para mi momentánea interlocutora el 1 de agosto de 2004 se convirtió en uno de los más aciagos de su existencia. “Entre las 400 víctimas que hubo en el incendio del Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, está ‘Lucho’, el primer amor de mi vida, el padre de mi hija, el hombre que fue mi primer novio y con el que nunca me pude casar por oposición de mi familia. Cuando íbamos a formalizar la relación el Ycuá me lo llevó”.

Supongo que si le decían “Lucho”, su nombre es Luis.

Supones mal, Aldo- refiere entre risas- su nombre es Miguel Ángel Céspedes González. Lo de “Lucho” viene por “Miguelucho”. Así le decían de niño, pero como era muy largo el apodo se redujo a “Lucho”.

Una historia trunca por oposición familiar.

Él era de Capiatá, ciudad que me vio nacer. Nos conocimos cuando apenas éramos 2 adolescentes. “Lucho” tenía 15, y yo 13. Nos enamoramos. Era muy buen compañero, sabía conversar, también me atrajo su estatura. Era muy alto.  Me llamó la atención el hecho que era muy solidario, no podía ver a nadie que tuviese una necesidad. Él fue mi primer novio, y con él terminé, por así decirlo, mi vida de pareja. Después de su muerte nunca más quise tener pareja.

Insisto en la oposición familiar. ¿Por qué ese rechazo a un joven de 15 años? ¿Qué tan terrible pudo haber hecho para recibir ese trato?

Se decía que era hijo de la empleada de su casa, aunque tenía una buena relación con su papá. El solo hecho de sospecharse de que era producto de una relación extramatrimonial no gusto a mamá y por eso nunca le quiso. “Lucho” hacía todo por verme, pero cuando mamá se daba cuenta enseguida hacía algo para prohibirme estar a su lado. Por ejemplo, él organizó un equipo de baloncesto y yo me inscribí; cuando mi mamá lo supo nunca más me fui a una práctica. Su tía organizó un grupo de teatro, y yo me iba a los ensayos; cuando mamá lo supo me prohibió ir a los ensayos de teatro. Era una situación insostenible que terminó separándonos. Él hizo su familia, yo hice la mía. Estuvimos años sin saber el uno del otro, hasta que nos reencontramos. Incluso, un detalle, él quiso ser sacerdote. Estuvo en el Seminario, pero salió antes de concluir.

¿Cómo sucedió ese encuentro después de tantos años?Lucho

Yo trabajaba en una empresa que estaba en Palma y 14 de mayo, y él en el Fondo Ganadero que quedaba, más o menos, en diagonal. Según me contó después, un día él estaba en la ventana de su oficina y me ve llegar a mi trabajo. Entonces averigua el número de teléfono y me llamó. “¿Dónde estás?”, pregunté. “Y acá enfrente de ti casi estoy”, me respondió. Ahí nos encontramos, y de nuevo nos separamos, porque “Lucho” se me volvió a perder. Después de unos cuantos años entro a trabajar en el edificio Ayfra, que está en Presidente Franco y Ayolas, en una multinacional, y resulta que había un amigo en común que era mi compañero, y recibo otra vez otro llamado telefónico y él de nuevo. “¿Vos crees que te vas a perder de mí?”, me dice, “no te vas a perder porque siempre te voy a encontrar”. Y así eran medio jocosos nuestros encuentros. Compartíamos mucho. Era muy lindo. Éramos, más bien, 2 personas que crecieron juntos, prácticamente, y tuvimos que separarnos por razones fortuitas. Cuando nos encontramos, era como si se encontraran unos compañeros, de colegio o lo que sea. Éramos muy compinches, incluso en las travesuras, porque él era bastante travieso. Tocaba la guitarra, cantaba… El fruto de esa relación es Sarah, nuestra hija, a la que “Lucho” le decía “mi gatita”. Sara nació el 16 de agosto de 1996. Cuando “Lucho” murió ella iba a cumplir 8 años.

¿Qué recuerda de ese fatídico día domingo, 1 de agosto de 2004?

Tengo muy buenos recuerdos del viernes, 30 de julio, Día del Amigo. Tuvimos una cena, estuvimos bailando, de hecho fue la última vez que bailamos, y me dijo que viajaba temprano el sábado, y volvía el domingo para el almuerzo que teníamos un en casa de una prima mía que estaba de cumpleaños. Como la primera familia de él vive hacía Ycuá Bolaños siniestrado, él fue a hacer comprar para dejarle y después venir, y no vino nunca más. A eso de las 12 del mediodía, yo estaba muy molesta pero, sin embargo, no me quería mover de casa sin él, pero mi hermana me insistió en ir y nos fuimos. ¿Sabe? Me fui al almuerzo, pero yo no me quería integrar, tenía no sé qué, algo presentía, y después viene mi prima y me dice “¿escuchaste lo de Ycuá Bolaños?”. Yo no escuché nada, pero yo le decía a mi prima “él está ahí”, “¿por qué me decís?” me decía la prima. Porque sí sé, presiento que está ahí, porque ni llamó, ni vino, ni nada. Después llego a casa, a eso de las 05.00pm, y sonaba el teléfono, sonaba. Me voy a atender y me dice mi hermano “¿estás sentada o estás de pie?”. “Estoy de pie, ¿qué pasó?”, le digo yo, y me responde “vino por acá Isabel,  la hermana de Lucho…”. Y cuando me dijo eso le pregunté “¿murió?”, y me contestas “sí, vino a avisarte. Dice que te estaba llamando, no le atendías, y entonces vino por acá”. Resulta que su nombre estaba en la primera lista de fallecidos, algo que no sabíamos porque no escuchamos nada de un inicio.

¿Falleció por asfixia o por quemaduras?

Se pudo haber salvado, porque cuando se produce el incendio él ya había salido del supermercado. Estaba esperando a su hijo Carlos, el mayor, para entregarle la compra cuando comienza la tragedia, y entonces decide ayudar. “Lucho” entró 4 veces a rescatar personas, en la quinta ocasión se desplomó. Sus vías respiratorias estaban intoxicadas con el gas del fuego. Delante de su hijo perdió el conocimiento, por eso sabemos lo que le sucedió.

Tengo entendido que aún después de fallecido les dio una agradable sorpresa.

Él muere el 1 de agosto, y el 16 Saritah cumplió 8 años. Como a mediados de julio le pregunté qué íbamos a hacer para la fiesta de la niña, y le hice el comentario de la, posibilidad de festejarlo en la Asociación de Jubilados Bancarios, que queda en la avenida Santa Teresa, y no me dijo nada. El día 8, aproximadamente, llaman de la Asociación y me preguntan si voy a hacer uso del lugar. Yo estaba muy confundida y no sabía de qué me estaban hablando. Entonces me explican que la reservación estaba hecha y pagada.

Supongo que se cumpleaños se haya realizado.

Ahora sí supones bien (risas). Aunque en un principio dudé, pero mi hermana que es psicóloga, mi cuñada, y otras personas allegadas me dijeron que sí, que el cumpleaños había que hacerlo. Primero, porque Saritah era una niña y aunque sabía lo de la muerte de su papá no dimensionaba el suceso; y segundo, era la voluntad de “Lucho”. Todo se hizo y fueron muchos niños. Además, ella cumple el Día del Niño.

Si usted tuviera la oportunidad de conversar con los Paiva, ¿qué les diría?

Que no sean tan materialistas, tan egoístas, que por culpa de eso se perdieron tantas vidas, que ojalá nunca vuelva a suceder, y espero que duerman bien por la noche cosa que no creo que logren.

¿Cómo ha sido su vida después del 1 de agosto de 2004?

Siempre he trabajado, siempre tuve mi dinero, trabajé por mi cuenta. Fue un poco más duro, pero sorteando un poco los obstáculos, porque vengo de una familia muy luchadora. Había momentos en que fue bastante duro bastante difícil, pero lo pude sobrellevar. Sinceramente no puedo quejarme. Creo que estoy bien dentro de todo. Creo que llegué a un equilibrio, a un disculpar, a un perdonar, que creo que es lo que Sarita aún no superó, y era lógico, era muy pequeña, y enterarse de eso a esa edad era más difícil. Pero yo estoy bien, me siento bien. Me siento plena, porque yo le quise mucho a él y el producto de eso, que como ya le dije es Saritah, está conmigo.

Ulises1¿Algo que desee agregar, Gladys?

Agradecer que siempre tuve el acompañamiento de los padrinos de Sarah, que ella siempre una chica muy dedicada, que haya cursado bien sus estudios, que esté cursando becada una carrera en el exterior, que haya tenido todas las oportunidades y aprovechado todas las que tuvo. Estoy orgullosa y feliz por eso. Orgullosa también de mi hija Ali y de Ulises, mi nieto. Ellos junto a Sarah son mi sostén de mi vida.

“Duele no haber estado con nuestras hijas en sus últimos momentos”

Dr PalaciosTanto para Felipe Palacios como para su esposa María Estela Morínigo rememorar lo sucedido en la mañana del 1 de agosto de 2004 les hace vivir el día más fatídico de sus existencias. “Perdimos a nuestras 3 hijas. María Epifanía de 12 años, María del Carmen de 9 años, y María Estela de apenas 4 años. Ellas murieron solitas, y nos duele no haber estado con nuestras hijas en sus últimos momentos”. Nos recibieron en su residencia, sita en el barrio Trinidad, de Asunción, para iniciar el rodaje del documental “Ycuá Bolaños, el genocidio”, idea que desde hace no pocos años vengo acariciando y que finalmente podré concretar con el apoyo de Press, entidad audiovisual que lidera Christian Núñez, como hermano para mí. El matrimonio Palacios Morínigo, además, muestra, en sus cuerpos, las huellas de las severas quemaduras que sufrieron en aquella fatídica jornada donde, in situ, se constató el deceso de más de 400 personas. “El incendio del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, es la mayor tragedia civil en la historia del Paraguay. Aunque se sabe es bueno repetirlo. Repetirlo hasta el cansancio para que algo tan siniestro no vuelva a suceder”.

¿Qué recuerda de aquella mañana del 1 de agosto de 2004?

Para ese domingo teníamos un programa previamente establecido. María Epifanía y María del Carmen, las 2 niñas mayores, estaban en la catequesis. Mi esposa y yo, junto a Estelita, la más chica, las fuimos a buscar para llevarlas a una consulta odontológica, de regreso pasaríamos a retirar unas adhesiones con el objetivo de almorzar acá en casa. Adhesiones teníamos en 2 lugares. En el colegio de Epifanía y Carmencita habíamos reservado en una pollada que iban a hacer, y luego, acá en el barrio, la Junta de Vecinos, que estaban haciendo un asado para adquirir equipos de seguridad.

O sea, tenían la intención de retirar 5 raciones de pollo otras 5 de asado vacuno para almorzar en familia. ¿Dónde surge la idea de ir al Ycuá Bolaños?

Cuando salimos de la consulta odontológica las niñas quisieron comprar chipa. Ahí decidimos pasar primero por el supermercado. Nosotros éramos clientes habituales del Ycuá Bolaños. Era una construcción hermosa, con tecnología muy actualizada, de la que nos sentimos orgullosos, sin saber que un día esa construcción se iba a convertir en un crematorio.

Supongo que llegaron al Ycuá, estacionaron…

Primero se bajaron las niñas, y nosotros nos quedamos en el auto para estacionar. Y pudiendo hacerlo cerca de la entrada, no sé los motivos, lo hice un tanto alejado. Y aclaro que no sé los motivos, porque algo, desconozco qué fuerza, hizo que no me estacionara en la entrada. De haberlo hecho, tanto mi esposa como yo, hubiésemos fallecido también, porque en ese lugar la temperatura alcanzó 800 grados.

¿Ustedes no estaban dentro del supermercado en el momento del incendio?

No. María Estela y yo estábamos en el estacionamiento, las niñas sí, por eso no pudimos estar con ellas en sus últimos momentos. Cuando escuchamos la primera explosión salimos a buscar a las niñas, entonces se produjo la segunda explosión. Ahí no recuerdo nada más, porque desperté del coma el 16 de agosto, 15 días después del incendio, sin tener noción de lo que había pasado, y regresamos a casa el 21 de septiembre.

En cierta ocasión leí unas declaraciones que usted, doctor, hizo a la prensa, y me llamó la atención un detalle interesante: usted no puede asegurar que las puertas esteban cerradas.

Exactamente. Se afirma, y es algo que tiene fundamento, que el guardia de seguridad cerró las puertas, por orden de los directivos del supermercado, para que los clientes no se marcharan sin pagar, para evitar robos. Yo no puedo mentir, amigo, a nosotros no nos consta que eso sucedió, porque nunca estuvimos dentro del local. Las niñas subieron y nosotros nos quedamos en el estacionamiento.

Hubo un proceso judicial que ustedes vencieron a los Paiva, ¿hablaron con ellos alguna vez?

No, hablar no, pero si me le paré delante para que viera lo que habían hecho conmigo, con nosotros. Tenemos vida limitada, las quemaduras nos impiden tomar sol, ya no somos los de antes. Mis manos, por ejemplo, estas manos que usted ve, fueron reconstruidas. Mire mi rostro. Eso es lo que quería que Paiva, Juan Pío, el padre de Víctor Daniel, viera. Solo bajo la cabeza. No dijo absolutamente nada. Además, nos quitaron a mis niñas, nuestro más preciado tesoro, nos quitaron la posibilidad de procrear. Intentamos volver a tener criaturas pero no pudimos. El incendio del Ycuá Bolaños nos destrozó en vida. Nos sepultó.

La justicia debe a las víctimas…

No hay justicia, amigo. Acá en Paraguay, si no tienes dinero, no se hace justicia. Todo lo que nos ha sucedido, no solo a nosotros, es un bochorno. Hay mucha gente que ha ganado crédito con la causa del Ycua Bolaños, hay mucha gente que ha escalado puestos con la causa del Ycuá Bolaños, hay mucha gente que ha lucrado con la causa del Ycuá Bolaños. Es una vergüenza, por eso quiero que nuestro caso se conozca en el mundo, por eso accedí a que me entrevistaras para tu documental.

He conversado con muchos sobre la causa, y no pocos coinciden, y catalogan el siniestro como un genocidio. ¿Coincide con el adjetivo?

Totalmente. ¿Qué significa genocidio? Según el diccionario, y así lo expuse en mi libro, es la puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento. ¿Qué fue el Ycuá Bolaños? Un genocidio donde murieron más de 400 personas. Un acto criminal en grado superlativo, donde un grupo de indolentes, cuidando intereses económicos, exterminó a 400 personas. Me comentaste que tu documental se va a titular “Ycuá Bolaños, el genocidio”, ¿cierto? Pues recibe nuestra aprobación, porque, precisamente, el incendio, el 1 de agosto de 2004, del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín botánico, fue un genocidio. No hay otro calificativo.

María Epifanía, María del Carmen, y María Estela…niñas

María Epifanía fue sepultada el 5 de agosto; su cuerpo se recuperó íntegro, pero los de María del Carmen y María Estela, no. A María del Carmen nos la entregaron en 2 momentos; y el cuerpo de María Estela, la más pequeña, en 3. Ambas niñas tuvieron que ser identificadas por el ADN. Yo supe de la muerte de ella estando convaleciente. Pregunté por ellas El 21 de septiembre de 2004, día de la primavera, 51 días después del incendio, a continuar la recuperación en casa, y nos parecía que ellas estaban en todos lados. Algo que continuamos sintiendo. Es como si ellas no se hubieran marchado. Yo converso con ellas casi a diario y les digo que no las vamos a olvidar nunca, que ellas están con nosotros, y aunque adoptamos 2 niños, aunque tenemos 2 hijos de corazón, ellas siempre serán nuestras niñas. Iris Nathalia y Matías de Jesús no vinieron a nuestras vidas para reemplazarlas, sino para llenar el hueco que ellas dejaron. Las lloramos a diario, y esperamos el momento de reencontrarnos.

Introducción de “Y mientras Asunción duerme…”

asuncion-de-nocheY mientras Asunción duerme, alguien, con silencioso andar, abjura de precisar tan requerida necesidad. Y mientras Asunción duerme, como sucede en las urbes capitalinas, lo ilícito cobra verdaderos matices de impunidad. Y mientras Asunción duerme, un hervidero de seres humanos, gusta de disfrutar de los placeres nocturnos, prohibidos o no. Y mientras Asunción duerme, sombras personificadas se entreveran, logrando una simbiosis de perfecto mutismo, cual hermoso ñandutí, para luego, magistralmente, escabullirse en lo más recóndito de sus barriadas. Y mientras Asunción duerme, no pocos  individuos se empeñan en dar continuidad a la jornada laboral. Y mientras Asunción duerme, una consecución de sucesos, protagonizados por los tradicionales noctívagos, o noctívagas, dan vida, o muerte, al entorno, resquebrajando, o enlutando, la parsimoniosa ambientación citadina. Y mientras Asunción duerme, él ríe ufano, o plañe su desdicha. Y mientras Asunción duerme, ella se deleita con fruición, o rezume su tristeza. Y mientras Asunción duerme, se perciben, sutiles, “gracias a Dios”, y ásperos “¿por qué, Dios mío? Y mientras Asunción duerme…