“Cuando íbamos a formalizar la relación el Ycuá me lo llevó”

GladysAnte mí Gladys Guerreño, una señora poseedora de una eterna sonrisa. Sonrisa que se hace aún más llamativa cuando decide dar a conocer su historia de vida. Maestra de profesión, Gladys conoce, cuasi a la perfección, los intríngulis que exige el proceso de comunicación, por eso la entrevista concretada fluye dinámica y atractiva. Para mi momentánea interlocutora el 1 de agosto de 2004 se convirtió en uno de los más aciagos de su existencia. “Entre las 400 víctimas que hubo en el incendio del Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, está ‘Lucho’, el primer amor de mi vida, el padre de mi hija, el hombre que fue mi primer novio y con el que nunca me pude casar por oposición de mi familia. Cuando íbamos a formalizar la relación el Ycuá me lo llevó”.

Supongo que si le decían “Lucho”, su nombre es Luis.

Supones mal, Aldo- refiere entre risas- su nombre es Miguel Ángel Céspedes González. Lo de “Lucho” viene por “Miguelucho”. Así le decían de niño, pero como era muy largo el apodo se redujo a “Lucho”.

Una historia trunca por oposición familiar.

Él era de Capiatá, ciudad que me vio nacer. Nos conocimos cuando apenas éramos 2 adolescentes. “Lucho” tenía 15, y yo 13. Nos enamoramos. Era muy buen compañero, sabía conversar, también me atrajo su estatura. Era muy alto.  Me llamó la atención el hecho que era muy solidario, no podía ver a nadie que tuviese una necesidad. Él fue mi primer novio, y con él terminé, por así decirlo, mi vida de pareja. Después de su muerte nunca más quise tener pareja.

Insisto en la oposición familiar. ¿Por qué ese rechazo a un joven de 15 años? ¿Qué tan terrible pudo haber hecho para recibir ese trato?

Se decía que era hijo de la empleada de su casa, aunque tenía una buena relación con su papá. El solo hecho de sospecharse de que era producto de una relación extramatrimonial no gusto a mamá y por eso nunca le quiso. “Lucho” hacía todo por verme, pero cuando mamá se daba cuenta enseguida hacía algo para prohibirme estar a su lado. Por ejemplo, él organizó un equipo de baloncesto y yo me inscribí; cuando mi mamá lo supo nunca más me fui a una práctica. Su tía organizó un grupo de teatro, y yo me iba a los ensayos; cuando mamá lo supo me prohibió ir a los ensayos de teatro. Era una situación insostenible que terminó separándonos. Él hizo su familia, yo hice la mía. Estuvimos años sin saber el uno del otro, hasta que nos reencontramos. Incluso, un detalle, él quiso ser sacerdote. Estuvo en el Seminario, pero salió antes de concluir.

¿Cómo sucedió ese encuentro después de tantos años?Lucho

Yo trabajaba en una empresa que estaba en Palma y 14 de mayo, y él en el Fondo Ganadero que quedaba, más o menos, en diagonal. Según me contó después, un día él estaba en la ventana de su oficina y me ve llegar a mi trabajo. Entonces averigua el número de teléfono y me llamó. “¿Dónde estás?”, pregunté. “Y acá enfrente de ti casi estoy”, me respondió. Ahí nos encontramos, y de nuevo nos separamos, porque “Lucho” se me volvió a perder. Después de unos cuantos años entro a trabajar en el edificio Ayfra, que está en Presidente Franco y Ayolas, en una multinacional, y resulta que había un amigo en común que era mi compañero, y recibo otra vez otro llamado telefónico y él de nuevo. “¿Vos crees que te vas a perder de mí?”, me dice, “no te vas a perder porque siempre te voy a encontrar”. Y así eran medio jocosos nuestros encuentros. Compartíamos mucho. Era muy lindo. Éramos, más bien, 2 personas que crecieron juntos, prácticamente, y tuvimos que separarnos por razones fortuitas. Cuando nos encontramos, era como si se encontraran unos compañeros, de colegio o lo que sea. Éramos muy compinches, incluso en las travesuras, porque él era bastante travieso. Tocaba la guitarra, cantaba… El fruto de esa relación es Sarah, nuestra hija, a la que “Lucho” le decía “mi gatita”. Sara nació el 16 de agosto de 1996. Cuando “Lucho” murió ella iba a cumplir 8 años.

¿Qué recuerda de ese fatídico día domingo, 1 de agosto de 2004?

Tengo muy buenos recuerdos del viernes, 30 de julio, Día del Amigo. Tuvimos una cena, estuvimos bailando, de hecho fue la última vez que bailamos, y me dijo que viajaba temprano el sábado, y volvía el domingo para el almuerzo que teníamos un en casa de una prima mía que estaba de cumpleaños. Como la primera familia de él vive hacía Ycuá Bolaños siniestrado, él fue a hacer comprar para dejarle y después venir, y no vino nunca más. A eso de las 12 del mediodía, yo estaba muy molesta pero, sin embargo, no me quería mover de casa sin él, pero mi hermana me insistió en ir y nos fuimos. ¿Sabe? Me fui al almuerzo, pero yo no me quería integrar, tenía no sé qué, algo presentía, y después viene mi prima y me dice “¿escuchaste lo de Ycuá Bolaños?”. Yo no escuché nada, pero yo le decía a mi prima “él está ahí”, “¿por qué me decís?” me decía la prima. Porque sí sé, presiento que está ahí, porque ni llamó, ni vino, ni nada. Después llego a casa, a eso de las 05.00pm, y sonaba el teléfono, sonaba. Me voy a atender y me dice mi hermano “¿estás sentada o estás de pie?”. “Estoy de pie, ¿qué pasó?”, le digo yo, y me responde “vino por acá Isabel,  la hermana de Lucho…”. Y cuando me dijo eso le pregunté “¿murió?”, y me contestas “sí, vino a avisarte. Dice que te estaba llamando, no le atendías, y entonces vino por acá”. Resulta que su nombre estaba en la primera lista de fallecidos, algo que no sabíamos porque no escuchamos nada de un inicio.

¿Falleció por asfixia o por quemaduras?

Se pudo haber salvado, porque cuando se produce el incendio él ya había salido del supermercado. Estaba esperando a su hijo Carlos, el mayor, para entregarle la compra cuando comienza la tragedia, y entonces decide ayudar. “Lucho” entró 4 veces a rescatar personas, en la quinta ocasión se desplomó. Sus vías respiratorias estaban intoxicadas con el gas del fuego. Delante de su hijo perdió el conocimiento, por eso sabemos lo que le sucedió.

Tengo entendido que aún después de fallecido les dio una agradable sorpresa.

Él muere el 1 de agosto, y el 16 Saritah cumplió 8 años. Como a mediados de julio le pregunté qué íbamos a hacer para la fiesta de la niña, y le hice el comentario de la, posibilidad de festejarlo en la Asociación de Jubilados Bancarios, que queda en la avenida Santa Teresa, y no me dijo nada. El día 8, aproximadamente, llaman de la Asociación y me preguntan si voy a hacer uso del lugar. Yo estaba muy confundida y no sabía de qué me estaban hablando. Entonces me explican que la reservación estaba hecha y pagada.

Supongo que se cumpleaños se haya realizado.

Ahora sí supones bien (risas). Aunque en un principio dudé, pero mi hermana que es psicóloga, mi cuñada, y otras personas allegadas me dijeron que sí, que el cumpleaños había que hacerlo. Primero, porque Saritah era una niña y aunque sabía lo de la muerte de su papá no dimensionaba el suceso; y segundo, era la voluntad de “Lucho”. Todo se hizo y fueron muchos niños. Además, ella cumple el Día del Niño.

Si usted tuviera la oportunidad de conversar con los Paiva, ¿qué les diría?

Que no sean tan materialistas, tan egoístas, que por culpa de eso se perdieron tantas vidas, que ojalá nunca vuelva a suceder, y espero que duerman bien por la noche cosa que no creo que logren.

¿Cómo ha sido su vida después del 1 de agosto de 2004?

Siempre he trabajado, siempre tuve mi dinero, trabajé por mi cuenta. Fue un poco más duro, pero sorteando un poco los obstáculos, porque vengo de una familia muy luchadora. Había momentos en que fue bastante duro bastante difícil, pero lo pude sobrellevar. Sinceramente no puedo quejarme. Creo que estoy bien dentro de todo. Creo que llegué a un equilibrio, a un disculpar, a un perdonar, que creo que es lo que Sarita aún no superó, y era lógico, era muy pequeña, y enterarse de eso a esa edad era más difícil. Pero yo estoy bien, me siento bien. Me siento plena, porque yo le quise mucho a él y el producto de eso, que como ya le dije es Saritah, está conmigo.

Ulises1¿Algo que desee agregar, Gladys?

Agradecer que siempre tuve el acompañamiento de los padrinos de Sarah, que ella siempre una chica muy dedicada, que haya cursado bien sus estudios, que esté cursando becada una carrera en el exterior, que haya tenido todas las oportunidades y aprovechado todas las que tuvo. Estoy orgullosa y feliz por eso. Orgullosa también de mi hija Ali y de Ulises, mi nieto. Ellos junto a Sarah son mi sostén de mi vida.

“Duele no haber estado con nuestras hijas en sus últimos momentos”

Dr PalaciosTanto para Felipe Palacios como para su esposa María Estela Morínigo rememorar lo sucedido en la mañana del 1 de agosto de 2004 les hace vivir el día más fatídico de sus existencias. “Perdimos a nuestras 3 hijas. María Epifanía de 12 años, María del Carmen de 9 años, y María Estela de apenas 4 años. Ellas murieron solitas, y nos duele no haber estado con nuestras hijas en sus últimos momentos”. Nos recibieron en su residencia, sita en el barrio Trinidad, de Asunción, para iniciar el rodaje del documental “Ycuá Bolaños, el genocidio”, idea que desde hace no pocos años vengo acariciando y que finalmente podré concretar con el apoyo de Press, entidad audiovisual que lidera Christian Núñez, como hermano para mí. El matrimonio Palacios Morínigo, además, muestra, en sus cuerpos, las huellas de las severas quemaduras que sufrieron en aquella fatídica jornada donde, in situ, se constató el deceso de más de 400 personas. “El incendio del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, es la mayor tragedia civil en la historia del Paraguay. Aunque se sabe es bueno repetirlo. Repetirlo hasta el cansancio para que algo tan siniestro no vuelva a suceder”.

¿Qué recuerda de aquella mañana del 1 de agosto de 2004?

Para ese domingo teníamos un programa previamente establecido. María Epifanía y María del Carmen, las 2 niñas mayores, estaban en la catequesis. Mi esposa y yo, junto a Estelita, la más chica, las fuimos a buscar para llevarlas a una consulta odontológica, de regreso pasaríamos a retirar unas adhesiones con el objetivo de almorzar acá en casa. Adhesiones teníamos en 2 lugares. En el colegio de Epifanía y Carmencita habíamos reservado en una pollada que iban a hacer, y luego, acá en el barrio, la Junta de Vecinos, que estaban haciendo un asado para adquirir equipos de seguridad.

O sea, tenían la intención de retirar 5 raciones de pollo otras 5 de asado vacuno para almorzar en familia. ¿Dónde surge la idea de ir al Ycuá Bolaños?

Cuando salimos de la consulta odontológica las niñas quisieron comprar chipa. Ahí decidimos pasar primero por el supermercado. Nosotros éramos clientes habituales del Ycuá Bolaños. Era una construcción hermosa, con tecnología muy actualizada, de la que nos sentimos orgullosos, sin saber que un día esa construcción se iba a convertir en un crematorio.

Supongo que llegaron al Ycuá, estacionaron…

Primero se bajaron las niñas, y nosotros nos quedamos en el auto para estacionar. Y pudiendo hacerlo cerca de la entrada, no sé los motivos, lo hice un tanto alejado. Y aclaro que no sé los motivos, porque algo, desconozco qué fuerza, hizo que no me estacionara en la entrada. De haberlo hecho, tanto mi esposa como yo, hubiésemos fallecido también, porque en ese lugar la temperatura alcanzó 800 grados.

¿Ustedes no estaban dentro del supermercado en el momento del incendio?

No. María Estela y yo estábamos en el estacionamiento, las niñas sí, por eso no pudimos estar con ellas en sus últimos momentos. Cuando escuchamos la primera explosión salimos a buscar a las niñas, entonces se produjo la segunda explosión. Ahí no recuerdo nada más, porque desperté del coma el 16 de agosto, 15 días después del incendio, sin tener noción de lo que había pasado, y regresamos a casa el 21 de septiembre.

En cierta ocasión leí unas declaraciones que usted, doctor, hizo a la prensa, y me llamó la atención un detalle interesante: usted no puede asegurar que las puertas esteban cerradas.

Exactamente. Se afirma, y es algo que tiene fundamento, que el guardia de seguridad cerró las puertas, por orden de los directivos del supermercado, para que los clientes no se marcharan sin pagar, para evitar robos. Yo no puedo mentir, amigo, a nosotros no nos consta que eso sucedió, porque nunca estuvimos dentro del local. Las niñas subieron y nosotros nos quedamos en el estacionamiento.

Hubo un proceso judicial que ustedes vencieron a los Paiva, ¿hablaron con ellos alguna vez?

No, hablar no, pero si me le paré delante para que viera lo que habían hecho conmigo, con nosotros. Tenemos vida limitada, las quemaduras nos impiden tomar sol, ya no somos los de antes. Mis manos, por ejemplo, estas manos que usted ve, fueron reconstruidas. Mire mi rostro. Eso es lo que quería que Paiva, Juan Pío, el padre de Víctor Daniel, viera. Solo bajo la cabeza. No dijo absolutamente nada. Además, nos quitaron a mis niñas, nuestro más preciado tesoro, nos quitaron la posibilidad de procrear. Intentamos volver a tener criaturas pero no pudimos. El incendio del Ycuá Bolaños nos destrozó en vida. Nos sepultó.

La justicia debe a las víctimas…

No hay justicia, amigo. Acá en Paraguay, si no tienes dinero, no se hace justicia. Todo lo que nos ha sucedido, no solo a nosotros, es un bochorno. Hay mucha gente que ha ganado crédito con la causa del Ycua Bolaños, hay mucha gente que ha escalado puestos con la causa del Ycuá Bolaños, hay mucha gente que ha lucrado con la causa del Ycuá Bolaños. Es una vergüenza, por eso quiero que nuestro caso se conozca en el mundo, por eso accedí a que me entrevistaras para tu documental.

He conversado con muchos sobre la causa, y no pocos coinciden, y catalogan el siniestro como un genocidio. ¿Coincide con el adjetivo?

Totalmente. ¿Qué significa genocidio? Según el diccionario, y así lo expuse en mi libro, es la puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento. ¿Qué fue el Ycuá Bolaños? Un genocidio donde murieron más de 400 personas. Un acto criminal en grado superlativo, donde un grupo de indolentes, cuidando intereses económicos, exterminó a 400 personas. Me comentaste que tu documental se va a titular “Ycuá Bolaños, el genocidio”, ¿cierto? Pues recibe nuestra aprobación, porque, precisamente, el incendio, el 1 de agosto de 2004, del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín botánico, fue un genocidio. No hay otro calificativo.

María Epifanía, María del Carmen, y María Estela…niñas

María Epifanía fue sepultada el 5 de agosto; su cuerpo se recuperó íntegro, pero los de María del Carmen y María Estela, no. A María del Carmen nos la entregaron en 2 momentos; y el cuerpo de María Estela, la más pequeña, en 3. Ambas niñas tuvieron que ser identificadas por el ADN. Yo supe de la muerte de ella estando convaleciente. Pregunté por ellas El 21 de septiembre de 2004, día de la primavera, 51 días después del incendio, a continuar la recuperación en casa, y nos parecía que ellas estaban en todos lados. Algo que continuamos sintiendo. Es como si ellas no se hubieran marchado. Yo converso con ellas casi a diario y les digo que no las vamos a olvidar nunca, que ellas están con nosotros, y aunque adoptamos 2 niños, aunque tenemos 2 hijos de corazón, ellas siempre serán nuestras niñas. Iris Nathalia y Matías de Jesús no vinieron a nuestras vidas para reemplazarlas, sino para llenar el hueco que ellas dejaron. Las lloramos a diario, y esperamos el momento de reencontrarnos.

Introducción de “Y mientras Asunción duerme…”

asuncion-de-nocheY mientras Asunción duerme, alguien, con silencioso andar, abjura de precisar tan requerida necesidad. Y mientras Asunción duerme, como sucede en las urbes capitalinas, lo ilícito cobra verdaderos matices de impunidad. Y mientras Asunción duerme, un hervidero de seres humanos, gusta de disfrutar de los placeres nocturnos, prohibidos o no. Y mientras Asunción duerme, sombras personificadas se entreveran, logrando una simbiosis de perfecto mutismo, cual hermoso ñandutí, para luego, magistralmente, escabullirse en lo más recóndito de sus barriadas. Y mientras Asunción duerme, no pocos  individuos se empeñan en dar continuidad a la jornada laboral. Y mientras Asunción duerme, una consecución de sucesos, protagonizados por los tradicionales noctívagos, o noctívagas, dan vida, o muerte, al entorno, resquebrajando, o enlutando, la parsimoniosa ambientación citadina. Y mientras Asunción duerme, él ríe ufano, o plañe su desdicha. Y mientras Asunción duerme, ella se deleita con fruición, o rezume su tristeza. Y mientras Asunción duerme, se perciben, sutiles, “gracias a Dios”, y ásperos “¿por qué, Dios mío? Y mientras Asunción duerme…

“Ahí sí te equivocaste, viejuco”

20160928_205436– Yo estoy convencido que a mi velorio no va a ir nadie.

Repetía, con sus jocosas maneras, el autor de mis días.

– Sí, analiza para que veas. Yo no puedo ir al velorio de nadie porque siempre estoy trabajando, a no ser que el fallecido lo haga el fin de semana. Si la persona deja de existir sábado o domingo, sí, ahí sí, pero entre lunes y viernes no pueden contar conmigo, por eso la venganza va a ser que nadie, pero nadie va a ir a mi velorio. Irán, quizás, 4 gatos y la familia.

En efecto. Su rigor de trabajo no le permitió, en no pocas ocasiones, asistir al último adiós de sus allegados.

– Escribo 2 libretos diarios a la mañana, y a la tarde, después del medio día, los llevo a Progreso. “Alegrías” se tiene que grabar. Al oyente no se le puede decir que el programa no sale al aire porque Luberta tuvo que ir a un velorio o a un entierro. Tú vas a ver cuándo a mí me toque, la gente me va a tirar una trompetilla. A no ser que a mí me dé por fallecer un fin de semana.

Ahí sí te equivocaste, viejuco. A pesar de que partiste un día lunes, tu gente te acompañó cual ídolo de multitudes que eres. Me cuenta Caridad, mi progenitora, tu compañera en los últimos 48 años, que la multitud, tanto en la funeraria como en el cementerio, fue impresionante.

– La ovación cuando colocaron el ataúd en el carro fúnebre emocionó a todos. En el cementerio otro tanto. Puede estar tranquilo. El pueblo lo despidió como hombre de pueblo que fue.

Me gustaría que leyeras estas líneas. Disfrutaría al verte la expresión de sorpresa, tu expresión de sorpresa, característica en ti, que podías elevar, al unísono e increíblemente, la ceja derecha y la comisura del labio correspondiente al saber que tu vaticinio, tu pronóstico, tu premonición, tu augurio, fue hecho añicos por tu gente, por esas generaciones de gentes que, por casi 52 años, disfrutó de tu humor criollo, inteligente, respetuoso, e insuperable, por esa gente a la que te entregaste, cual sacerdote sin hábito, para, al menos, provocar una sonrisa.

Hasta siempre, viejuco, o hasta un día. Gracias por todo, papá. Un beso en la eternidad.20160928_205436

Propuestas a VM32 para controlar el aire en Bayamo

victor-mesa2“Solo hace falta que no haya tanto aire, ellos conocen muy bien el estadio, y con viento son muy difíciles de dominar”, afirmó a la redacción deportiva del diario Granma, Víctor Mesa Martínez, ex jardinero central estrella de los equipos de béisbol Villa Clara, Las Villas, y team Cuba, y actual director técnico de la representación matancera en la edición 56 de las Series Nacionales del preferido pasatiempo deportivo en la mayor de las islas del archipiélago antillano.

VM32, como es conocido quien tiene la virtud de no andar inadvertido en estos lares terrenales, expresó tal afirmación tras la conclusión del tercer encuentro, fase semifinal, en el que sus pupilos fueron vencidos, en calidad de visitadores, por los Alazanes de Granma, en los predios del estadio “Mártires de Barbados” de la ciudad de Bayamo.

Repito la frase del Hijo dilecto de Sagua la Grande: “solo hace falta que no haya tanto aire, ellos conocen muy bien el estadio, y con viento son muy difíciles de dominar”. O sea, si bien es cierto que en el citado recinto beisbolero bate un fuerte viento, intuyo, según palabras de Víctor, la Madre Naturaleza se confabuló para suministrar el preciado gas con el objetivo de favorecer a la escuadra granmense.

Lo anterior implica que el aire, el viento, la brisa, el soplo, el oreo, en las fronteras de la citada provincia cubana, además de emplearse como refresco ambiental, se usa, en lapso pelotero, para favorecer a los discípulos de Carlos Martí.

Por lo tanto, y para bogar a favor de quien consta como uno de los más egregios beisbolistas cubanos que vieron su accionar en las Series Nacionales, propongo, tras largas noches de insomnio, 3 disposiciones para controlar el flujo del aire en el estadio de Bayamo, capital de Granma.

La #1:

Se le ruega al público presente en el “Mártires de Barbados” que controle los bostezos. Si tiene hambre o se siente aburrido por la monotonía del partido limítese a bostezar, viendo que esta acción suele contagiar a quien tiene a su lado, y un bostezo se multiplica en miles de bostezos; y si un jugador local conecta un elevado a los jardines, el batazo puede ser favorecido por un bostezo de cualquier aficionado que con la vista siga el recorrido con la bola. Bosteza él, bostezas tú, bosteza ella, bostezan ustedes, y así los presentes pueden aportar su granito de arena para que la pelota viaje más allá de los límites del parque.

La #2:

Prohibido abanicarse. Si siente calor, más allá del humano que se experimenta en el Oriente de Cuba, absténgase de accionar, menos con uno de los diarios oficialistas, pues paliar el calor también favorecerá el aire que circula. La especificación sobre las publicaciones informativas (diarios Granma, Trabajadores, Juventud Rebelde, etc), viene dada porque, como es sabido, estos son útiles tras la consumación de las necesidades intestinales, viendo la ausencia de papel higiénico que caracteriza al “Caimán antillano” hace casi 6 décadas.

La #3

Prohibir, terminantemente, horas antes del partido consumir, por ejemplo, aguacates (en cualquiera de sus variantes), ensalada de col (ídem al aguacate), leche cruda o huevo duro (ídem a los aguacates y al col), o potaje de judías blancas (ídem a los anteriores aunque más específico a aquellas o aquellos que exhiben elevado poder adquisitivo. Médicos, maestros, ingenieros, licenciados, que desempeñen sus labores como taxistas, maleteros, o guardias de seguridad en los distintos centros turísticos de la zona).

La alimentación, en días correspondientes a los juegos, tiene que ser lo más sana posible para evitar, en los asistentes al show deportivo, el hecho de expeler flatulencias anales (aclaro que existen flatulencias vaginales, pero no vienen al caso por las circunstancias en las que ocurren).

En las inmediaciones del “Mártires de Barbados”, según me cuentan, existen ofertas gastronómicas de pan con lechón, batido de plátano, arroz congrí puerco y ensalada de col y aguacate… ¡Dios mío! Quién ideó tal estrategia de venta pensó en perjudicar, en demasía, a la selección que dirige Víctor Mesa.

Sí, porque si usted antes de ocupar su puesto en el estadio, consume lo que se descrine anteriormente, sus intestinos, en breve lapso de tiempo, se verán rebosados de gases que, obviamente, se verá obligado a emitir, y no es justo, para nada justo, que miles de aficionados granmenses, para alentar a su equipo, comiencen a “flaturar”, o pedar, o eructar, al unísono, de manera sonora o silenciosa, para que el aire circulante se vea estimulado, obviamente también, cuando sus coterráneos, bate en ristre, vayan a la ofensiva. Obviamente, una vez más, los flatos pueden ser controlados por la persona, y los aficionados a los alazanes pueden decidir en qué momento imitar las palabras de Dante Alighieri, en el capítulo #21 de la Divina comedia, cuando expresó: “Ed elli avea del cul fatto trombetta” (Conozco la traducción pero la omito para propiciar esa función a quien lee).

Señalo que no me refiero a la flatulencia como emisora de dióxido de carbono o metano, no me refiero a la flatulencia que puede oler a ácido butírico, sulfuro de hidrógeno, o disulfuro de carbono; no, me refiero a la flatulencia que puede ser empleada, por un tumulto de personadas adictas al béisbol, para favorecer a su selección.

Benjamín Franklin, quien fuera Presidente de los Estados Unidos, escribió, en 1781, el ensayo “Pee orgullosamente”. Yo no voy a antagonizar con quien es considerado uno de los padres de la nación estadounidense, cuya imagen se aprecia en el billete de 100 dólares, cuya tenencia, para no pocos, es un sueño inalcanzable. De acuerdo, hágale, o háganle caso a don Benjamín y “Pee orgullosamente”, pero no en los predios del estadio “Mártires de Barbados”, de Bayamo.

Conclusión:

Son apenas 3 propuestas, fundamentadas, que haré llegar a la dirección del equipo Matanzas, para que, al mismo tiempo, sean puestas en conocimiento de las autoridades provinciales de Granma, específicamente del municipio Bayamo. Se escuchan sugerencias, si las tiene hágamelas llegar porque de lo contrario, si el aire continúa batiendo Víctor Mesa, VM32, volverá a quedar con los deseos, que ya cumplen años, de ver titularse a sus cocodrilos.

Progreso por dentro: “Abre las guatacas que voy pá ti”

radioprogreso“El abanico de Lady Windermere” es una obra de teatro, en 4 actos, escrita por el mundialmente conocido dramaturgo irlandés Oscar Wilde, que fue estrenada, según archivos, el 22 de febrero de 1892. Desconozco el número de versiones que se han podido concretar de tan afamado abanico, quizás el que más haya trascendido en las letras mundiales, aunque, anales culturales afirman que existen 3 puestas cinematográficas, y, al menos, una adaptación radial que fue protagonista de una muy simpática anécdota en la querida, y popular, Radio Progreso, sita en la avenida infanta número 105, de la capital cubana.

Por años miles y miles de oyentes disfrutan de la variada programación dramática que “La emisora de la familia cubana” ofrece en su amplio espectro productivo. Policíacos, aventuras, infantiles, cuentos, teatros… Son ampliamente esperados por la millonaria radioaudiencia que desde el 15 de diciembre de 1929 atesora Radio Progreso, en sus inicios “El progreso cubano”.

Cuentan que los días que correspondía la emisión del espacio teatro un oyente, afirman que invidente, se molestaba en telefonear a la emisora para hurgar en el título que sería puesto a disposición de los escuchas. Dicen que, a pesar de no conocerse su identidad, se podía palpar una vasta cultura, ya que solía comentar los títulos con la persona que, solícita, le ofrecía el dato requerido.

En la ocasión de referencia correspondía su turno de trabajo, en la recepción, a Teresa Montesinos, alias “Teresita la guajira”. Alguien que recuerdo con gran cariño y privilegio, a pesar de transcurridas 2 décadas de su partida definitiva. El mote, cariñoso, de “La guajira”, quien falleció en 1995 de un paro respiratorio, se debe al lugar de su nacimiento; un recóndito sitio de Cabaiguán, provincia de Sancti Spiritus, en el centro de la isla. Agrego, con todo respeto y cariño, que Teresita, y era algo que ella misma reconocía divertida, no era poseedora de un amplio intelecto, algo que podrán comprobar cuando concluyan la lectura de esta narración.

LA ANÉCDOTA

Década de los años 80. Día de transmisión de radio teatro. Se escucha el timbre telefónico. Atiende Teresa Montesinos, alias “Teresita la guajira”.

-Radio Progreso, buenas tardes.

-Buenas tardes, compañera, ¿me pueden decir el título del radioteatro de hoy?

-Un momento.

“La guajira” pone el auricular del directo a la calle a un lado, y disca, en el interno, el número de la cabina de transmisiones donde, el también inolvidable Humberto Portas cumplía su jornada laboral.

-Portas, ¿me puedes decir el título del teatro que se transmite hoy?

-Un momento.

Portas busca y cuando encuentra lee “El abanico de Lady Windermere”, según el operador de cabina, conocedor del intelecto de su compañera de trabajo, pensó: “deja ver cómo yo le digo a Teresa ese nombre para que me entienda”. Tomó en sus manos el auricular y dijo:

-Guajira…

-Te escucho, Portas.

-Abre las guatacas que voy pá ti.

-Gracias.

Teresita cortó la comunicación con cabina y atendió al oyente que continuaba en línea esperando.

-Compañero, el teatro se titula “Abre las guatacas que voy pá ti”

-¿Cómo?- preguntó sorprendido en extremo.

-Me dijeron de cabina. “Abre las guatacas que voy pá ti”.

-¿Es una obra cubana?

-Por el título supongo, compañero.

-Gracias por la información. Ha sido muy amable.

La anécdota es de las tantas que ha trascendido la historia de “La casita azul de Infanta 105”, y fue dada a conocer, indistintamente, por sus protagonistas, ambos fallecidos. Con Teresita sí compartí labores, además de la amistad que ella y mis padres se profesaban. A Portas lo recuerdo, muy vagamente, pero lo recuerdo. Era un hombre de baja estatura, de complexión física delgada, que dejó de existir en su lugar de trabajo víctima de un infarto aguado del miocardio.

Por cierto, el nombre de Humberto Portas se hacía escuchar junto al de Rodolfo Almarales, ambos operadores de cabina. Almarales, que no tiene nada que ver con “El abanico de Lady Windermere, le caracteriza tanta lentitud en su forma de ser que fue multado por ir conduciendo su motocicleta por la Quinta Avenida de Ciudad de la Habana… ¡A menos de la velocidad mínima establecida!

¿Se imaginan?

Aclaración: Guataca es una de las acepciones en Cuba de oreja. La frase de “Abre las guatacas que voy pá ti” se le dice a alguien que no oye bien o que tiene que escuchar bien algo que se le va a informar.

La Seguridad Cubana me puso los ojos… Por Fidel LaBarba

fidel-la-barbaEn el mes de noviembre de 1998, e ininterrumpidamente hasta el 28 de diciembre de 2005, escribí y dirigí para Radio Arte el espacio “Estrellas y Antorchas”; dramatizado, seriado, de corte deportivo en el que, en un lapso de 15 minutos, se exploraba en la vida de un atleta, nacional o foráneo, o los intríngulis de un evento deportivo, concretado este en tierras cubanas o allende las fronteras de la isla.

Sucedió en una calurosa tarde del mes de junio de 2003 al arribar a los estudios de la referida emisora. Como cada día de grabación (martes, miércoles, y jueves), aproximadamente a las 03.30pm, me estaba esperando Luis Fernández, alias “Halitosis” por el putrefacto vaho que expelía de su cavidad bucal, espécimen humano, de los tantos que existen en la isla, que independientemente de su desmedida mediocridad y zopenca maldad, era ocupante del máximo puesto en la dirigencia del antro radial.

-Aldito, en la oficina de Torres te están esperando 2 compañeros de la Seguridad que quieren entrevistarse contigo.

-¿Conmigo?- pregunté extrañado.

-Sí, contigo. Ven que te acompaño.

Lo seguí unos pasos, por la cercanía de la oficina donde José Torres ejercía sus funciones de Director de Producción, y en efecto, esperándome, con cara de pocos amigos, característica en ellos, estaban los 2 “compañeros” que, anteriormente, fueron identificados por “Halitosis” como “miembros de la Seguridad del Estado”.

Tras el saludo de rigor e incómodamente sentado frente a ellos, aún poseído por una sorpresa extrema, comenzó el interrogatorio.

-Sabemos que estás a punto de comenzar a grabar, pero queremos que nos aclares algo.

-El equipo de escucha comprobó anomalías, o supuestas anomalías, en tu programa y queremos poner los puntos sobre las íes.

-No sé a qué anomalías se refieren- agregué.

-En la serie que le dedicaste a Kid Chocolate mencionaste a un boxeador de los Estados Unidos que se llamaba, o se hacía llamar, Fidel LaBarba.

-¿Existió o es una burla de tu parte?

-Es mucha la casualidad, y si comprobamos que es una burla ya sabes que ni tu papá ni tu mamá te van a salvar de lo que te espera.

No tuve otro remedio que esbozar una sonrisa y asumir un rictus lo más cínicamente burlón posible.

-Ah, Fidel LaBarba- agregué- ¿Ustedes no conocen a Fidel LaBarba?

Ambos “segurosos”, como se le conoce a cualquiera que preste sus servicios en el cuerpo represivo, se miraron sin comprender.

-Estos energúmenos no tienen idea de quién es Fidel LaBarba- pensé- ¿Tienen tiempo de escuchar una maravillosa historia de vida entre lo deportivo y lo periodístico?- pregunté a sabiendas que me iba a ver obligado a hacer uso de mi buena memoria, prodigiosa para muchos- Porque que Fidel use barba nada tiene que ver con el Fidel LaBarba del boxeo.

TITULAR OLÍMPICO DE PARÍS’ 1924

Fidel LaBarba, nacido el 29 de septiembre de 1905 en New York, Estados Unidos, asombró al mundo boxístico cuando, el 20 de julio de 1924, venció, por decisión unánime, 3-0, al británico James McKenzie, para, de esta forma, agenciarse el título mosca en la edición olímpica parisina, concretada en el año 1924.

Los presentes, especialistas o no del deporte de los puños, en el Velodrome d’Hive de la “Ciudad Luz” deliraron con la actuación del bisoño de apenas 2 décadas de vida que logrando una simbiosis de fuerza en el golpeo con depurada técnica había alcanzado la medalla de oro en la cita olímpica.

Tras su regreso a los Estados Unidos, y con el oro estival en las manos, LaBarba, como era de suponer, se convirtió en boxeador profesional. En el pugilismo rentado efectuó 94 combates, de los cuales ganó 72, 15 por la vía rápida, perdió 15, y empató 7.

En su palmarés exhibe el título mundial, peso mosca, obtenido el 21 de enero de 1927, en el Madison Square Garden de New York, ante Elky Clark; y, además, récord de una victoria y 2 derrotas ante el cubano Eligio Sardiñas, mundialmente conocido como “Kid Chocolate”. Versus el representante de la “Perla del Caribe”, LaBarba fue derrotado el 22 de mayo de 1929, y el 9 de diciembre de 1932, y venció al ídolo de la barriada del Cerro el 3 de noviembre de 1930.

“Young LaBarba”, en 1933, se vio obligado a interrumpir su carrera boxística por desprendimiento de retina, de hecho perdió la visión de su ojo derecho; no obstante, continuó vinculado al deporte cuando, tras obtener la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Stanford, ejerció la profesión en el ámbito que lo lanzó a la fama mundial.

Falleció, por insuficiencia cardíaca, el 3 de octubre de 1981, y por, muy justamente, por sus probados méritos dentro de las 12 cuerdas, fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo en 1996.

¿COMPLACIDOS?

Fue la interrogante formulada a mis interlocutores.

-Tenemos que hacer una verificación.

-Queremos confiar en tu palabra, pero nuestro trabajo es que no haya nada oscuro en los medios.

-Pueden comprobar, verificar, investigar lo que deseen. Yo sé lo que escribo y me hago responsable de lo que se emite en ese programa, ahora, ¿les puedo hacer yo una pregunta?- y sin esperar respuesta continué- ¿Ustedes creen lógico que alguien va a inventar nombres, títulos olímpicos, títulos mundiales, fechas de combates, de retiro del deporte activo, de nacimiento o fallecimiento, con el solo objetivo de burlarse de una persona?

Evidentemente me dieron la razón porque acudieron al silencio como respuesta. Yo proseguí mi trabajo, ellos, por su parte, se marcharon sabiendo que hay un Fidel LaBarba en la historia del boxeo que nada tiene ver con Fidel Castro, aunque a este último, en los últimos 60 años de su vida, le haya caracterizado, precisamente, la barba.

John Paul: “Organizando ideas en la calle 8”

tapa2“Soy la palma, soy la caña/

soy la conga y su sabor/

soy el café matutino/

soy quien no guarda rencor.

Soy el que no se acostumbra/

soy quien raíces dejó/

¡soy el que nunca se olvida/

de que en Cuba, un día nació!”

Cástulo Gregorich

Fragmento del poema “Soy”

Disfruto, tranquilo, ecuánime, sosegado, de una taza de café, “el néctar negro de los dioses blancos”, después de un buen almuerzo cubano: arroz congrí, ropa vieja, tostones, ensalada de aguacate, y dulce de coco rallado con queso, como exquisito postre. Siempre que me cae la nostalgia acá, en Miami, vengo al restaurante “Versailles”. Para mí, y desde mucho tiempo, la mejor cocina cubana en esta ciudad.

Y es que hace apenas 2 días que regresé de la isla, y ya quiero volver. Contradictorio, ¿verdad? En realidad sentimientos encontrados. Como me dijo Jaime, mi compadre, con toda razón: “si Cuba está mal, así estará Palo Caga’o”.

Es cierto que me encontré una ciudad desolada, un Palo Caga’o más caga’o que nunca, pero, y no sé cómo explicarlo, tanta pobreza me llenó de optimismo, de vida, y de ganas de regresar lo más pronto posible.

Me hizo muy bien conversar con la gente, recibir el trato de la gente, palpar que, a pesar de todo, el cubano sigue siendo cubano, y te brinda lo que tiene sin tener en cuenta que te está dando lo único que tiene. “Un poquito de café”, “el roncito que me queda”, “hay almuerzo para todos”… Me sentí bien con esa gente que, a pesar de las 3 décadas de ausencia, te recuerda con gran cariño; y me sentí muy mal con aquellos que, sin dobleces ni remilgos, pedían “10 dólares para comprarme un desodorante  y un perfumito porque huelo a rayos” o “invítame a una cerveza fría que hace tiempo que no las pruebo”. Entiendo la necesidad, pero también entiendo que el ser humano, por encima de cualquier situación, tiene que ser digno. Por lo menos, en Cuba, antes era así; ahora parece que no, aunque tampoco son todos.

Me hizo bien ir a Cuba, pero me hizo muy mal, por ejemplo, caminar por mi escuela. “Ciudad Escolar Libertad”, ese gran centro estudiantil, ese cuartel convertido en un emporio de enseñanza, por así decirlo, ese lugar que para todas y todos era símbolo de excelencia educativa, se está cayendo a pedazos. El teatro no existe; el gimnasio, está en ruinas; las áreas verdes, exhiben tonalidades mustias… En fin, solo los niños, quizás ajenos a lo verdaderamente triste del entorno, agregan la pizca de alegría, infaltable, para recordar la sazón de antaño.

Ciudad Libertad me dolió, como también Centro Habana, La Habana Vieja, La Lisa, cada rostro de desamparo, cada palabra de amargura, de desaliento, cada grito de “hasta cuando, cojones, ¿por qué a nosotros nos ha tocado vivir en este infierno?”, cada llanto, cada pedido de “ayúdame, John Paul, por favor”, o “¿tú no tienes una amiga en Miami que se quiera casar conmigo para salir de toda esta mierda?”.

Regresé lleno de recuerdos, de ansias de que el libro que tengo en mente ya salga a la luz, de que se conozca la realidad que dejé en Cuba 33 años después de mi partida.

Traje conmigo muchas cosas de un inestimable valor. En el aeropuerto de Miami casi se rieron de mí cuando les mostré mis trofeos, “viajar 90 millas para traer toda esa manga de porquerías. Si tanto extrañas aquello para qué te fuiste” sentí que me decía con la vista la oficial de aduanas, tras depositar en mi humilde compilación ósea la mirada más cínica y burlona, que ser humano pueda poseer. “Quizás para usted sean banalidades u objetos superfluos, pero todo está viendo son mis laureles, mi botín, mi recompensa, mis títulos olímpicos y mundiales”, le respondí, obviamente, con una rápida, pero firme, ojeada. “Y sí, extraño aunque me fui, porque el amor a Cuba se lleva por dentro quieras o no quieras”.

Viajó conmigo de regreso un poquito de tierra de Palo Caga’o, mi barrio, para mí más importante que la grava invicta de Playa Girón o Playa Larga; una piedra de mi escuela, quizás la que alguna vez lancé hacia lo alto de un mango buscando proyectar la fruta deseada, para luego, ávidamente, saciar mis la exigencias del paladar; un poquito de las, finas y blancas, arenas de Varadero, que a pesar del tiempo y la escasez, continúa siendo una de las playas más lindas del mundo; una imagen de la virgencita de La Caridad del Cobre, la patrona de Cuba, la “Virgen Mambisa”; una estatuilla de San Lázaro, “el viejo Lázaro”, el santo más milagroso; una botellita con agua del malecón; una camiseta de los Industriales, el equipo emblemático del béisbol cubano; una banderita cubana que, a trazos muy poco delineados, me dibujó, y regaló tras entonar, íntegramente, las notas del himno nacional, Manolito, ese cariñoso niño de 29 años, hijo de mis amigos de la infancia “Manuel Ceja Mocha” y “Karina la caballa”, demostrándome, hasta la emoción, que los Síndrome de Down son también patriotas, y poseen sentido de pertenencia por todo aquello que aman, inolvidable fue su “al combate corred, bayameses/ que la patria os contempla orgullosa/ no temáis una muerte gloriosa/ que morir por la patria es vivir”; pude conseguir un disco de Frank Delgado, otro con los éxitos de los Van Van, otro de Los papines, otro de Celeste Mendoza, y otro, gracias a “Cuco” Martínez, con algunos de los programas de “Alegrías de Sobremesa”, el mítico espacio humorístico de Radio Progreso, “La onda de la alegría”, que tanto ha hecho reír a generaciones de cubanos, y un DVD con un documental sobre la vida de Teófilo Stevenson, el gran campeón de boxeo; 3 discos de vinilo de la orquesta Aragón donde cantan los de siempre: “Pepe” Olmo, “Felo” Bacallao, y Rafael Lay, y donde hay una versión de “Nosotros” que está como para chuparse los dedos; conseguí, en las librerías ambulantes de la Plaza de la Catedral, en la Habana Vieja, un ejemplar de “Indagación del choteo” de Jorge Mañach, una biografía del dirigente estudiantil Julio Antonio Mella, y una multimedia de la revista “Orígenes”; ah, se me olvidaba, y una cucharita que me robé de la heladería Coppelia, porque a pesar de estar convencido de que iba a disminuir, en demasía, la reserva de esos utensilios en el mítico centro capitalino, no me contuve, y con la complicidad de Ana Gloria me la pude llevar.

Mi amiga, muy divertida y sin pudor ninguno, se la metió por dentro del pantalón “porque no traje cartera. Lo único que te aconsejo, con todo el cariño que te tengo, es que cuando llegues a Miami lávala bien, lávala con cuanto detergente tengas a mano, hermano mío, porque la peste a bollo viejo y usado que va a tener la cuchara esa va a ser del carajo. Mira que no tengo para depilarme, así que puedes imaginar cómo está eso por allá abajo de sudado y peludo, ¡esa como una ciénaga pero sin cocodrilos, bien pantanosa, pero libre de agentes externos que puedan provocar escozor o picazón! Quizás se le peguen 2 o 3 vellos que quieran irse del país, vellos disidentes, contrarrevolucionarios, y vendepatrias, porque ladillas no hay; esos bichos ni tuve, ni tengo, ni tendré. Primero muerta que ladillosa. Por lo menos el día que me muera, me voy a ir con el bollo limpio, porque de lo contrario no me van a dejar entrar en el paraíso. Si te encuentras 2 o 3 pelitos míos en la cuchara que tengo allá abajo, guárdalos como recuerdo mío. Me complacería saber que mi presencia está en Miami, aunque sea en 2 o 3 pelitos del bollo”.

Coño, Ana Gloria, cómo te extraño, mi hermana, eres la loca más cuerda que he conocido en los días de mi vida. “¿Sabes? Quisiera tener sexo contigo. Toda una noche, porque quiero experimentar algo que muy pocas veces he sentido: acostarme con alguien que realmente quiero, no que me vea como una puta, como siempre me vieron”. Ay, hermana, te agradezco todo. Todo lo que me diste. Ojalá te pueda traer algún día.

Vine con el morral repleto, de vivencias, fundamentalmente, y estoy listo, ipso facto, para comenzar a escribir “La vida es un monólogo”. Sí, porque así defino la existencia terrenal dentro los límites costeros en la isla que me vio nacer, no solamente en Palo Caga’o. Monólogo, soliloquio, parlamento, recitado, o cual de los sinónimos existe en la lengua cervantina.

Quiero plasmar las emociones, y sensaciones, que protagonicé, sin ánimo de ofender, mancillar, o tergiversar la realidad. En mi caso señalo que cualquier semejanza con ella no es pura coincidencia, es, sencillamente, la objetividad que, a diario, sufren millones de mis compatriotas.

Gracias, Cuba, por existir y alentar mis días a pesar del tiempo y la distancia. Dios te guarde y te proteja siempre. A ti, y solo a ti, dedico la consecución de ideas que dan vida a mi propuesta.

Por mano propia: Capítulo XXIII

Por mano propia Portada“En no pocos casos las consecuencias fueron fatales y la víctima falleció durante la sesión de tortura, o por sus secuelas. Ante la muerte de torturados la Policía stronista siempre quiso justificar. El caso de Arturo Bernal, por ejemplo, ilustra lo anterior. Tras su deceso, la versión oficial fue que expiró a consecuencia de una larga y penosa enfermedad”. Informe de Amnistía Internacional

“En 1976 y 1980 se realizaron sitios y ocupaciones a comunidades enteras en donde la violencia era expansiva e iba dirigida a adultos y a niños por igual, sin diferenciación. Los niños y niñas sufrieron la violencia política incluso desde su nacimiento. Además varias personas fueron víctimas más de una vez, inicialmente en el período de la niñez y adolescencia y posteriormente como adultos”. Comisión de Verdad y Justicia. Agosto, año 2008

Tras echar sobre el ataúd, a golpe de brazos y piernas, la última porción de tierra, José Julio y Sinforiano Augusto, abrazados e inmóviles, se encuentran frente a la tumba de Laurita. La adolescente fue sepultada, sin lujos, no lejos del hogar. Una cruz indica que debajo del montículo de tierra que sobresale contiguo descansa, para siempre, un ser humano. Las pocas flores que, en el velorio cubrían el sarcófago, cumplen la misma función en el sepulcro de Laura Amalia. José Julio rompe el abrazo con su progenitor.

–Es muy duro todo esto, papá- asegura lloroso.

Lentamente da 2, 3, 4 pasos y se hinca de rodillas junto al humilde panteón.

–¿Por qué, mi niña?- pregunta llorando- ¿Por qué a ti? ¿Por qué te hicieron esto, Laurita? ¿Qué daño hiciste?

No comprende José Julio. No puede comprender. Su niña, su hijita, su princesa nunca hizo el mal, sino todo lo contrario.

–¿Por qué, papá? ¿Por qué a ella? ¿Por qué precisamente a ella, a nuestra princesita? Respóndeme. ¿Por qué le hicieron esto a tu nietecita querida?

Pero Sinforiano Augusto tampoco tiene respuestas.

–Esto no puede ser verdad, viejo.

Al igual que el hijo, sufre. Al igual que el hijo, llora. Al igual que el hijo, no cree que Laurita se haya marchado para siempre.

–Laurita, yo juro que voy a encontrar a quien hizo esto. Lo juro, mi niña. Juro, por ti, por tu memoria, que voy a vengar tu muerte aunque en el intento me vaya la vida. El que te asesinó, el que hizo que te fueras para siempre, con apenas 14 añitos, va a pagar, Laurita, sea quien sea, va a pagar. Lo juro por la memoria de tu abuela, por la memoria de tu mamá, por tu memoria. Voy a vengar tu muerte, hijita. Voy a vengar tu muerte aunque tenga que convertirme en un asesino.

Es la sentencia de José Julio.

–Voy a vengar tu muerte, mi niña.

Es el más grande anhelo de un padre que ha perdido a su hija.

–Lo juro.

Se levanta.

–Mil veces lo juro. Mil, millones de veces lo juro. Yo encuentro al asesino de la niña, yo mato al que hizo esto, yo le vengo a Laurita por mano propia, aunque muera en el intento.

Va hacia donde Sinforiano Augusto.

–¿Vamos, papá?

Lo abraza.

–Es tarde.

Lo besa.

–Ya está oscureciendo.

Pero las lágrimas no permiten que el abuelo articule palabras.

–Vámonos, viejo.

Randy, patria no es revolución

randy-alonso¿Lo sabes? ¿Conoces que la condición de revolucionario, o afecto al invicto proceso iniciado en 1959, es ínfima, ínfima, paupérrima,  e insignificante, ante el adjetivo CUBANO? ¿Tú has experimentado, en alguna ocasión, el orgullo de ser cubano? ¿Tienes conciencia plena de lo que eso implica?

No, Randy, y te equivocaste. Una vez más erraste. Demostraste que tienes, lamentablemente, arraigado el desprecio, que los carcome hasta el mismísimo tuétano, por los compatriotas que haciendo uso del poder de decisión han encaminado sus pasos hacia tierras allende las fronteras de la isla que los vio nacer.

Fallaste al colocar el prefijo EX al gentilicio natal de Orlando Ortega, nacionalizado español, erigido subcampeón olímpico en la tan atractiva disciplina de los 110 metros con vallas. Orlando es cubano, y lo continuará siendo hasta el final de sus días. Orlando es cubano, y, aunque te mortifique, es orgullo de Cuba, y se su estela atlética. Orlando es cubano tan cubano como Anier García, Alejandro Casañas, Alberto Juantorena, e Iván Pedroso; tan cubano como “Kid Chocolate”, como “Kid Gavilán”, como Adolfo Luque, y José Raúl Capablanca; tan cubano como Celia Cruz, Olga Guillot, Arturo Sandoval, y Albita Rodríguez…

Desde la pequeña pantalla, como moderador de la Mesa Redonda, es muy factible, y “meritorio”, catalogar de ex CUBANO a quien se te antoje, pero, repito la pregunta… ¿Sabes lo que es ser cubano? No, porque para ti la condición de cubano se limita a frases ideológicas marchas del pueblo combatiente dando vivas a un proceso que desprecia a quien no lo acompaña.

Yo soy cubano, Randy, y, por si no lo sabes, hace 10 años y 6 meses que abandoné el hogar que me dio la vida, y me establecí en un país tan noble y agradecido como Paraguay; tan noble, y agradecido, que, y no solo por su ubicación geográfica, recibe el calificativo de “Corazón de América del Sur”. Resido en estos lares desde el 6 de marzo de 2006, pero, y te lo repito, Randy, sigo siendo cubano… ¡CUBANO! Así, con mayúsculas.

El himno, la bandera, el escudo, la “Guajira Guantanamera”, la palma real, el tocororo, la orquesta Aragón, los Van Van, Radio Progreso, Ciudad Libertad, la EMCC de Capdevila, el son, la rumba, el chachacha, los industriales, Santa Felicia… Sigo siendo cubano, marianense, santafeliceño, y esas condiciones impulsan, además, mi músculo cardíaco.

Como mismo siento orgullo por Mijaín López, por ejemplo, también lo siento por Orlando Ortega, ambos atletas, ambos seres humanos, y, sobre todo, ambos cubanos.

Despójate, Randy, de esas barreras políticas que limitan, y reducen al máximo, tu nivel de pensamiento y raciocinio, y en caso, algo de lo que estoy seguro, no es conveniente para tu persona por tu condición de representante mediático, vocero gubernamental, recuerda que en algún momento dejarás de serlo, y, también recuerda lo que les ha sucedido a muchos que, como tú, exhibieron tal condición: Arnaldo Tomás Ochoa Sánchez, Diocles Torralba, Carlos Lage Dávila, Felipe Pérez Roque…

Das lástima, Randy, mientras el CUBANO Orlando Ortega es ya historia en el olimpismo moderno, tú has esquivado el prefijo EX de no pocos calificativos; sí, porque en ningún instante de tu existencia serás EX ceporro, EX gaznápiro, EX bucéfalo, EX zopenco, EX palurdo…

P.D: Me niego a calificarte de burro, borrico, asno, pollino, porque sería mancillar la noble imagen que proyectan esos animalitos. Además, Randy, recuerda que Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura’ 1956, se inspiró en un borrico para escribir su inmortal “Platero y yo”, y, sinceramente, Randy, no creo que tu persona sea motivo para una obra del tal magnitud.