“Soy travesti por puro gusto”

Carlos Antonio es su verdadera gracia. Carlos Alberto, su hermano, un gran amigo y compañero de trabajo, fue quien tuvo el gesto de contarme con “Antonella”, nombre que utiliza para desempeñar su labor nocturna asuncena. Hace apenas unos meses que, Carlos Alberto, departiendo en una actividad laboral, me dijo: “Mi hermano es travesti”, y a partir de ese preciso instante surgió la idea de una entrevista para la redacción digital de Radio Ñandutí. “Mi hermano acepta, pero plantea sus condiciones”. “¿Cuáles son sus condiciones?” “No le molesta que digan su nombre, pero no quiere que se sepan sus apellidos; no quiere que digas dónde trabajo yo, para que no deduzcan quién es él; tampoco va a decir dónde trabaja por las noches; solo quiere que sepan que se llama Carlos Antonio, que su nombre de calle es “Antonella”, y que es travesti; también me dijo que si hay alguna pregunta que lo comprometa no la va a responder; ¿aceptas? Contesté afirmativamente. El encuentro se produjo en la casa donde Carlos Alberto convive con Mirna Dolores, su esposa, y Carlos Antonio, o “Antonella”, su hermano.


Estás fuera de tu horario de trabajo y, obvio, de tu lugar de trabajo. ¿Cómo te llamo Carlos Antonio o “Antonella”?

Me da igual. Para mis clientes soy “Antonella”, apodo que escogí yo, pero mis allegados me llaman por mi verdadero nombre. Mis padres me pusieron Carlos Antonio por Carlos Antonio López, el primer presidente constitucional de Paraguay. Mis viejos no me aceptan, pero yo los adoro, por eso no me molesta que mis escogidos, mis allegados, mis familiares, me llamen por ni nombre. Es como un homenaje a ellos, a ellos que me trajeron al mundo.

¿No te aceptan?

Para nada. No se adaptan a la idea de tener un hijo gay. Ellos hicieron hasta lo imposible porque no lo fuera. Tuve tendencias femeninas, y enseguida me llevaron a un psicólogo, y aunque te cause risa, fue ese psicólogo el primer hombre del que me enamoré. Yo tendría unos 11 años, y cuando sabía que iba a su consulta me entraba un cosquilleo insoportable y mis manos comenzaban a sudar. Fue como un amor a primera vista. Obvio, el psicólogo no por enterado se dio, y cuando dejé de ir a su consulta nunca más lo vi, pero si de algo me sirvió ir, periódicamente, a sus consultas, fue para darme cuenta de que me gustaban los hombres, sin remedio.

Supongo que para un niño de 11 años, sería un verdadero infierno saberse del sexo masculino y no tener gusto, o interés, por las féminas.

Puedo decirte que tienes y, al mismo tiempo, no tienes razón. Yo estaba convencido de lo que quería y, para mí, aquello era normal. Sabía que no lo podía demostrar, pero sabía también que iba a llegar el momento en que no me iba a molestar darlo a conocer. ¿Dónde comienza el infierno? En las burlas que me hacían mis compañeros. Se burlaban de mí hasta hacerme llorar. ¡Y eso que no estaban seguros de que era gay!

¿Por qué se burlaban entonces?

Porque se lo imaginaban. A Carlos Antonio no le gustaba jugar al fútbol, A Carlos Antonio no le interesaba el fútbol, Carlos Antonio pintaba sus cuadernos con florecitas rosadas… Era muy evidente, y esa evidencia me convirtió en el punto de burla de todos. A veces hacían un círculo alrededor mío y comenzaban a burlarse, a gritarme, y a tocarme las nalgas. Yo rompía en llanto.

¿Las maestras lo permitían?

A veces sí, a veces no. Me protegían, aunque también se divertían. En ocasiones, no muchas, lo reconozco, permitían todo hasta que yo echaba a llorar. Entonces terminaba todo.

O sea, ¿te convertiste en un traumatizado?

Me traumé al punto que no terminé el colegio. No quise estudiar más. Sé que no fue la manera más inteligente de enfrentar la situación, pero sí la más fácil. En casa me rechazaban, pero con respeto; en la escuela me rechazaban, pero de manera infernal. Dejé mis estudios en el segundo de la media.

¿Cómo llegó “Antonella” a tu vida?

Hace como 7 años; tenía yo 19, y un amigo, travesti, me habló. Yo necesitaba una entrada de dinero, y vi los cielos abiertos. Quiero dejar claro que soy travesti por puro gusto, a mi nadie me obligó. En un principio no me fue fácil; tuve que luchar contra otros travestis. Porque el travesti que lleva tiempo le cuesta reconocer a los otros; en cualquiera ve competencia, y una manera de perder clientes, por eso se resisten a los nuevos. Yo comencé en un lugar a exhibirme, y me establecí en otro. Fueron muchas las amenazas, y no quería problemas.

¿Amenazas?

No vayas a pensar que me amenazaban de muerte. No, eso no. Me decían que me fuera, que me iban a patear, que me iban a golpear, que me iban a caer en patota, en pandilla, y me iban a dar un escarmiento. Por eso, y por decisión propia, cambié de lugar.

¿Cómo es la vida de un travesti?

Agitada, comprometida, arriesgada… Salgo a la calle sobre las 10 de la noche, y regreso a casa pasadas las 6 de la madrugada. Cuando comienza a aclarar, y la gente empieza a circular para las funciones diarias, entonces regreso a casa.

Cambio la pregunta. ¿Cómo es la noche y la madrugada de un travesti?

Tan agitada, comprometida, y arriesgada como la vida misma. Tienes que tener maneras para atraer a los hombres, o a los grupos, porque muchas veces te contratan para orgías. No son hombres solos; hay parejas que tienen sexo con un travesti; mujeres que contratan a uno, o a varios, travestis para tener sexo; también grupos. Siempre trato de estar en un solo lugar, en una sola esquina, para que me puedan localizar más fácilmente. No doy mi número de teléfono a desconocidos, y muchos menos indico donde resido, los que me quieren encontrar saben donde pueden hacerlo.

¿Qué prefieres? ¿Hombres solos, parejas, grupos?

No tengo drama. No tengo problema, siempre que no quieran abusar de mí.

¿Abusos?

Por ejemplo, que no quieran pagar. Siempre pido por adelantado, pero hay amigas que las han golpeado y les han quitado el dinero.

¿Lo han hecho contigo?

Hasta ahora no, gracias a dios.

¿Cuánto sueles ganar por noche?

Depende. Si un hombre quiere sexo, tenemos lugares donde hacerlo, y le cobramos 50 mil guaraníes por servicio completo; si quiere llevarnos a un lugar, entonces cobramos un poco más caro; entre 150 mil y 200. Si quieren orgías ahí si hay que pagar; entre 500 y 600 mil por travestis. Con lo que gano por noche, y mensualmente, vivo y ayudo a vivir a mi hermano y a mi cuñada, a quienes le agradezco por acogerme acá, en su casa, sin ningún tipo de prejuicios. Pienso en el futuro y guardo algo de dinero; sé que va a llegar un momento en que esta vida se va a acabar; va a llegar un momento en que me voy a poner viejo. La vida del travesti es como la del deportista, rindes mientras tienes condiciones.

Cuando te contratan para una orgía, ¿pones tus condiciones?

Sí, primero los condones, los preservativos; le pongo preservativos hasta a los consoladores; lo otro es que no hago sexo ni con menores ni con animales. Lo especifico antes, si llego y veo lo contrario no hago nada, si me han pagado, devuelvo el dinero y me rajo.

¿Algo más?

Agradecer a mi hermano. Ese que está sentado a mi lado es lo más grande que tengo en la vida. Fue el único que me ha dado una mano, por eso lo adoro. Míralo, siempre que digo esto se le salen las lágrimas. A él y a su esposa no tengo cómo pagarles. Les tengo dicho que cuando tengan hijo me voy de la casa; no quiero ser un mal ejemplo para ellos; porque, aunque no tengo pena en que sepan que soy travesti, que soy, que muchos no lo ven con buenos ojos.

Abrazó a Carlos Alberto, lo besó, y le revolvió el cabello. “No llores más”, le pidió, “no llores más que voy a llorar yo también”. Luego me miró fijo: “Te agradezco”

¿A mí? ¿Por qué? ¿Por la entrevista?

Porque no me preguntaste cómo fue la primera vez que tuve sexo con un hombre. Te agradezco, porque no quiero ni recordarlo. Me violaron, prácticamente. Ah, tampoco he tenido sexo con mujeres. Soy gay de cepa, de raza, de los que no se traicionan; además, recuerda que a los 11 años me enamoré de un psicólogo…

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