“Tragedias en el deporte cubano” (Parte II)

Image“Al César, lo que es del César”, reza un viejo refrán, al que acudimos cuando necesitamos reconocer, independientemente de nuestra voluntad, que una tal hazaña, cualesquiera que sean los ámbitos, fue concretada por un tal, o tales sujetos. Es cierto, e innegable que los mayores logros del deporte cubano se han conquistado a partir de 1959, pero, sin querer tapar el sol con un dedo, también es cierto, y, obviamente, innegable, que, “La perla del Caribe”, antes de 1959, también, exhibe una rica historia atlética.

José Raúl Capablanca, Alfredo de Oro, Ramón Font, Armando Marsans, Rafael Almeida, son nombres archiconocidos, tanto, por investigadores como por aficionados; no obstante existen otros que han aportado, y mucho, a fomentar el prestigio del deporte cubano a nivel mundial.

María Carlotta Llanio, Leonel Smith, Olga Luque, Baldomero Rubiera, Jorge Agostini… Y en este último me detengo con la finalidad de retomar el recuento de las muertes, en circunstancias violentas diversas, que han enlutado la actividad muscular cubana.

Jorge Agostini Villasana, militar de carrera, era un excelente esgrimista. Agostini fue, por ejemplo, titular de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Barranquilla’ 1946, en la modalidad de florete individual, y espada por equipos; 4 años después, en la edición centroamericana Ciudad Guatemala’ 1950, obtuvo el segundo lugar, en el florete individual, pero pudo subir a lo más alto del podio, al titularse, también en florete, pero en la modalidad por equipos. Según los archivos que he podido consultar, la última competición internacional que registra resultados para Jorge Agostini fueron los I Juegos Panamericanos, Buenos Aires’ 1951, en los que obtuvo medallas de plata y bronce, en las disciplinas de florete y espada, respectivamente, en ambos casos, por equipos. El 9 de junio de 1955, el cuerpo, aún con vida, del destacado esgrimista fue encontrado frente a la entonces “Casa de Socorro”, de la capital cubana, gravemente herido; tras fallecer, el examen forense dictaminó que el deceso se produjo a causa de “las 21 perforaciones que fueron halladas diseminadas por su cuerpo”. Agostini tenía apenas 45 años.

El nombre de Bernardo Paret Crespo, quizás, no haga reaccionar a muchos, pero si hacemos alusión a “Benny Kid Paret”, entonces muchos de esos que no reaccionaron lo van a hacer, evocando al boxeador cubano fallecido, a los 25 años, el 3 de abril de 1962, en la ciudad de New York; “Benny”, ganador en 2 ocasiones de la faja mundial de los pesos welters, había recibido, el 24 de marzo, un inmerecido castigo en su enfrentamiento ante Emile Griffith. El árbitro actuante decretó nocaut al ver que “Kid Paret” yacía en la lona inconsciente. Existe una grabación del narrador Don Dunphy aseguró que “fue muy manso ‘Kid Paret’ en este round 12; vi a Griffith golpearle 29 veces seguidas, impunemente, llegué a contar 18 golpes en 6 segundos”.

Ángel Milián y Estenio Gutiérrez, ambos boxeadores, perdieron la vida en circunstancias similares. Milián, y es mi criterio, tuvo 2 malas suertes; la primera es haber coincidido, en época y división, con Teófilo Stevenson Lawrence, considerado, por muchos, como el mejor peso completo en el pugilismo amateur; su segunda mala suerte, fue el hecho de creer que todo se podía resolver imponiendo su figura y conocimientos boxísticos. “Se creía el dueño del mundo, compadre, y un día llegó a un lugar donde estaban vendiendo cerveza, y le quitó el vaso a un muchacho. Evidentemente no le iba a reclamar. ¡Tenía delante nada más y nada menos que a Ángel Milián! Fue a su casa, agarró un cuchillo, y espero tranquilo a que montara en su auto, y se colocara el cinturón de seguridad; cuando lo hizo se acercó corriendo, y le metió una puñalada. Milián no tuvo tiempo a nada; murió, prácticamente, en el momento”. Coincidentemente hace escasos meses que Hanry Santa Cruz, más que un amigo un hermano para mí, me narró lo que, a su vez, le contó un allegado del supuesto victimario.

El deceso del camagüeyano Estenio Gutiérrrez se produjo en circunstancias similares al de Ángel Milián, empero, los motivos de la trifulca son, diametralmente, diferentes. Estenio paseaba, tranquilamente, por su natal Camagüey, de la mano de su novia. Nada hacía augurar desgracia alguna, hasta el momento en que 3 individuos cometieron la osadía de ofender a la acompañante del pugilista. Lo que se inició con un reclamo de Estenio a los intrusos, dio paso a una acalorada discusión, que, a su vez, se convirtió en una trifulca. “No pudieron con él. Parece que esos 3 tipos no se habían dado cuenta de quien estaba conmigo, y como vieron que a los golpes no podían, uno de ellos sacó un cuchillo y lo asesinó”, narró, entre sollozos, quien vio morir a unos de los mejores prospectos, de Cuba y el mundo, que existía, en los pesos ligeros welters.

El pasado 11 de junio dejaba de existir, en Ciudad de la Habana, Teófilo Stevenson Lawrence, a consecuencia de una afección cardíaca. “Pirolo”, como era conocido cariñosamente, es poseedor, además, de 3 títulos olímpicos, de los 4 que exhibe el boxeo cubano en la categoría superpesada. Stevenson venció en Munich’ 1972, Montreal’ 1976, y Moscú’ 1980. Tras la cita moscovita, por razones más absurdas que políticas, se produjo una pausa en lo que a actuación olímpica cubana respecta. Pausa, afortunadamente, quebrada en los Juegos de Barcelona’ 1992. En la cita catalana, Cuba, con 14 títulos dorados y un quinto lugar por naciones, muestra su mejor actuación en ediciones olímpicas; de los 14 títulos, 7 pertenecen a la selección de boxeo: Rogelio Marcelo (48kgs), Joel Casamayor (54kgs), Héctor Vinent (63kgs), Juan Carlos Lemus (67kgs), Ariel Hernández (75kgs), Félix Savón (91kgs), y Roberto Balado (más de 91kgs).

Reconozco que referirme a Roberto Balado Méndez, me entristece. Recuerdo su victoria en el Campeonato Mundial Juvenil, celebrado en Cuba, en 1987; no olvido sus títulos mundiales (Moscú’ 1989, Sidney’ 1991, y Tampere’ 1993), su medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Ciudad de la Habana’ 1991, su presea de oro en Barcelona’ 1992, donde recibió la Copa “Val Barker” al ser designado como mejor boxeador de la justa, ni su muerte, el 2 de julio de 1994, a consecuencia de las heridas sufridas en un accidente de tránsito cuando, el auto que conducía fue impactado por un tren. Balado tenía 25 años, e indefectiblemente, en las líneas férreas, halló al único contrincante que le pudo vencer. “Se dice que estaba borracho, pero no. Balado se quedó dormido, iba rumbo al entrenamiento. Era como un hijo para mí”, fueron las palabras de Raúl Fernández, su entrenador, pocos días después del fatal suceso.

Las calles cubanas, carreteras incluidas, han sido protagonistas del fallecimiento de no pocos deportistas: Raúl Cascaret (Doble titular del mundo en lucha libre), Alejandro Urgellés (Titular del quinteto de baloncesto que obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Munich’ 1972), Manuel Suárez (Entrenador de Levantamiento de Pesas de la selección nacional), Waldimiro Arcos (Jugador de Polo Acuático, miembro de la escuadra cubana, titular en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Ciudad Panamá’ 1970, que terminó la justa con balance de 139 goles anotados y solo uno permitido), Aurelio Janet (Lanzador de Jabalina, en las Olimpiadas de Ciudad México’ 1968 se convirtió en el primer latinoamericano en llevar el dardo a más de 80 metros, 80.10, y, además, el primer latinoamericano en acceder a una final olímpica de la disciplina), Sergio “Pipián” Martínez (Ciclista), y Marlene Elejarde (Doble medallista olímpica, plata en México’ 1968 y bronce Munich’ 1971, como integrante del relevo 4×100 femenino).

Mencionar a “Pipián” Martínez nos obliga a rememorar las Vueltas a Cuba, evento más importante, en lo a ruta respecta, que organiza la Federación Cubana de Ciclismo, y, a  su vez, las Vueltas a Cuba motiva el recuerdo hacia Reinaldo Paseiro, promotor de la competición, fallecido a manos de un sujeto que le propinó una mortal puñalada.

José Eduardo Barrientos Scheweyer, “El relámpago del Caribe”, es considerado como el precursor de las pruebas de velocidad en el atletismo cubano. “Pepe” nació el 18 de marzo de 1904, en la provincia de Matanzas, y poco más de 41 años después, el 27 de septiembre de 1945, el avión, en el que se trasladaba desde Cayo Hueso a La Habana, desapareció en el mar.

Adelquis Remón, gran maestro de ajedrez, también falleció a consecuencia de un accidente aéreo. El avión, vuelo Santo Domingo- Ciudad de la Habana, tras despegar en la capital de República Dominicana, impactó contra el pico Isabel de Torres, sito en la ciudad quisqueyana de Puerto Plata. Adelquis perdió la vida, el 15 de noviembre de 1992, junto a otras 34 personas.

Concluyo esta referencia citando a Armando Orozco. Armando Orozco no solo fue un destacado lanzador de martillo, sino el caso de muerte más evitable que conozco, en lo que respecta al deporte cubano. No es secreto que para la prensa cubana existen solo 3 causas de muerte: Una repentina enfermedad, una larga y penosa enfermedad, y, por último, un lamentable accidente. La muerte de Orozco se enmarca en esa última categoría.

Siempre había escuchado que “Armando Orozco, ex recordista centroamericano en lanzamiento de martillo, perdió la vida víctima de un lamentable accidente”, pero jamás nadie me había especificado las circunstancias de ese “lamentable accidente”; nadie me había explicado hasta que, por fortuna del destino, conocí a Reinaldo Madan Rojas, otrora miembro de la preselección nacional de atletismo. “Orozco murió jugando a la ruleta rusa. Sí, no me mires así. Jugando a eso de ponerle a un revólver una bala y darle vueltas al cargador, y luego dispararse en la cabeza; si tienes suerte, ganas, pero Armando no tuvo suerte y murió. En Cuba solo se dijo que fue un lamentable accidente, y sí, murió en un lamentable accidente, pero no de tránsito, sino jugando a la ruleta rusa”.

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