“No somos nada”

Fidelio consultó su reloj y miró de reojo a “Rosa La China”, su hermano, que sonrió sarcástico alisándose el cano bigote.

-No somos nada – exclamó Edmundo.

“Son las 03:30 de la madrugada y tengo que cerrar el bar”, pensó el dueño del vetusto local.

-No somos nada – respondió Fernando.

“Este par de borrachos no se acaba de ir”, murmuró molesto, “son los únicos dos clientes que quedan y siguen hablando las mismas estupideces de todos los días”.

-Pero no se te olvide. Yo hice más que tú – dijo Edmundo –. Estuve en el mismo corazón del monstruo.

-Yo hice más que tú – espetó Fernando –. Tú te fuiste, pero yo me quedé. Me quedé en el monstruo y tuve que…

-Tengo hambre y no tengo un centavo – interrumpió Edmundo.

-Yo también tengo hambre y tampoco tengo un centavo.

-¿Fidelio? – preguntó Edmundo en voz alta – ¿No te sobró un pedacito de pan con salsa?

El interpelado, en silencio, negó con la cabeza.

-¿Un poco de agua con azúcar? – rogó Fernando.

Pero Fidelio se mantuvo renuente a la petición.

-“Rosita”, tenemos hambre, tú no podrías…

-No, si mi él dice que no es no – señaló el hermano menor de Fidelio con su habitual vestimenta color rosa –. Lo siento mucho. Él da las órdenes y yo cumplo. Siempre ha sido así, y después de viejo no va a ser diferentes.

Edmundo y Fernando se miraron con tristeza y se pusieron de pie.

-Vámonos, “Fernand”, no somos nada. Siempre terminamos haciendo lo que a estos dos se les antoja.

Y dando tumbos, apoyado uno en el otro, se alejaron del bar de la barriada.

-Ay, Fidelio – susurró “Rosa la China” al perderlos de vista mientras continuaba esmaltando, con delicadeza femenina, una de sus uñas –. ¿No te da pena tratarlos de esa manera? Ese par se está muriendo de hambre… ¿Qué más te daba darles a cada uno un pedazo de pan con algo?

-Ya no los soporto – contentó Fidelio.

-Eso es ahora, pero antes mucho que los elogiabas. “Hola, qué dice el mejor doctor”, “hola, qué dice el mejor periodista, ¿cuáles son las últimas noticias del mundo?”. Tú los elogiabas y ellos te servían como perritos falderos.

-Eso era antes, pero ya pasó. Míralos ahora. A Edmundo lo botan hasta de los supermercados; a Fernando le sucede algo parecido. Como nadie los quiere yo tampoco no los necesito.

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