«Ay, Anita, por Dios…»

Ofrezco mis disculpas a José Urfé.

Me tomé el atrevimiento de sacias mis antojos de respuesta alterando su danzón «Fefita», uno de los más populares si del baile nacional cubano nos referimos, estrenado el 24 de febrero de 1925 en el que la docente María Josefa González fungió como musa inspiradora.

El archiconocido estribillo «Ay, Fefita, por Dios no me trates así» o, como indican fuentes consultadas, «Ay, Fefita, por Dios, no me hagas sufrir» vive en la memoria del cubano, hasta de los que– al igual yo– somos incapaces de «tirar» un pasillo cuando escuchamos las notas del ritmo creado por Miguel Failde en 1879.

Transmuto el nombre de María Josefa por el de Ana y… «Ay, Anita, por Dios…».

«Anita», aunque no tengo ni los deseos ni el permiso para hacer alusión a tu persona en diminutivo, lo hago con el mero objetivo de estar a tono con el danzón de José Urfé.

Inicio esta dedicatoria, algo que solemnemente prometo, aclarando lo siguiente: no voy a usar hacia tu persona las mismas ofensas que sueles emplear contra mis compatriotas que, apelando al derecho universal de la libertad de expresión, exigen mínimas condiciones de existencia al gobierno cubano– inmerso en festines y exóticos banquetes, mal liderado por un pobre ingeniero sin casa conocido también como «Rocky Balboa».

No te voy a tildar ni de «rata de cloaca», ni de «mercenaria» ni de «ni de vendida al imperio»– recuerda que al sur de Estados Unidos flota en el mar Caribe un imperio peligrosos e incompetente que paga a los traidores y los desprecia.

Emplear esos insulsos argumentos sería caer en las mismas redes en las que te encuentras.

Eres libre– obviamente, vives en España– de asirte a la ideología que más te convenga, pero, «Anita», sinceramente te pregunto: ¿conoces la realidad cubana? ¿En los ratos de ocio, durante tus delirantes y paradisíacas vacaciones en la isla, has convivido con esas personas que sufren apagones, la falta de medicamentos, o las infernales colas para adquirir una exigua porción de alimentos?

¿Has llorado, «Anita», a un familiar allegado que ha fallecido tras horas de espera por una ambulancia? ¿Has explotado en rabia, como tantas madres, ante la agonía de un hijo víctima de la desidia gubernamental? ¿Te has visto en la necesidad de quitarte un bocado de comida para mitigar el hambre de un hijo, en caso de que hayas procreado?

«Anita», ni ellos ni nosotros– los que vivimos allende a las fronteras cubanas– somos «gusanos», «apátridas» u «odiadores garrapudos»; elimina de tu jerga esos vocablos que por décadas han empleado para darnos un calificativo denigrante, para fomentar el odio entre compatriotas. Todos somos cubanos y tenemos el mismo derecho sobre esa bonita tierra, y como tenemos los mismos derechos, no lo olvides, la calle, ni remotamente, es de los revolucionarios.

Te haces llamar COMUNISTA, ¡perfecto!, es tu decisión; ahora imagina que en España, y voy a retroceder en el tiempo, José María Aznar se le hubiera ocurrido decir que ni el Museo del Prado, ni la Sagrada Familia ni La Casa Batlló son para los COMUNISTAS.

En ese hipotético caso, ¿cómo actuarías tú?

Suele ser muy fácil defender a un sistema unipartidista, que cercena todo pensamiento opositor, desde una sociedad democrática, con sus bolsas de cal y arena.

«Ay, Anita, por Dios…», y que me disculpe José Urfé.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s