“La lobotomía, una práctica horrenda, y criminal, de la medicina moderna”

freeman_patientAño 1949. El doctor Antonio Caetano de Abreu Freire Egas Moniz, que desempeñaba su función profesional en los campos de la psiquiatría y la neurocirugía, se convierte en el primer ciudadano portugués, en la historia de la humanidad, en ser reconocido con el afamado, codiciado, y anhelado, Premio Nóbel; Egas Moniz, nacido el 29 de noviembre de 1874, recibió tan alta distinción en la categoría de Fisiología, y cito, textual, un fragmento del dictamen que emitió el jurado, atendiendo a “sus aportes en el descubrimiento de la lobotomía para el tratamiento de determinadas psicosis”.

Hurgando en archivos personales con el solo objetivo de encontrar un dato que, a su vez, me permitiera la conclusión de un artículo que refiere a la historia de la era peronista en la Argentina, pude un hallar un titular noticioso que, sin dudas, atrajo poderosamente mi atención: “Se sospecha que Evita Perón, terriblemente, fue lobotomizada”.

Reconozco que el término “lobotomizado” o “lobotomizada” era, totalmente desconocido para mí, por tal motivo decidí, de manera temporal, abandonar la era peronista argentina, para insertarme en la búsqueda de información que evacuara mi curiosidad, no solo periodística, sino personal.

Como suele suceder, mi punto de partida fue el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, RAEL, en el que no hallé definición alguna sobre los términos anteriormente citados; no obstante, la publicación de consulta me remitió una palabra similar: “Lobotomía” que, según la RAEL es la ablación, total o parcial, de los lóbulos frontales del cerebro.

Mi desconocimiento, sobre todo en el campo de la medicina, provocó que, al no comprender, en parte, la definición de la RAEL, consultara textos especializados; textos que, de manera obvia, saciaran mi interés, no que lo ampliaran.

Paralelo al avance de la investigación, se adueñó de mí un indescriptible, e inenarrable, sentimiento de desprecio hacia el doctor Egas Moniz, psquiatra y neurocirujano portugués, insisto, “merecedor” del Premio de Nóbel de Fisiología y Medicina, redundo, en 1949.

¿En qué consiste la lobotomía?

Para el “eminente científico” no existieron grandes obstáculos que le permitieran deducir su “feliz”, o infeliz, para ser exacto, conclusión. Para el primer experimento, en compañía de su colega Almeidas Lima, Egas Moniz tomó un chimpancé, lo ató a una mesa, y sin la aplicación previa de anestésicos, introdujo un objeto punzante en el orificio nasal derecho, y lo golpeó, con fuerza, supongo que con una especie de martillo, hasta que el infeliz simio, sin dejar de emitir alaridos lastimeros, sangró. Conclusión número uno: Había logrado despedazar el lóbulo frontal derecho. Para la continuación de la praxis, repitió la acción: Introdujo el objeto punzante en el orificio nasal izquierdo del chimpancé, y lo golpeó, nuevamente con fuerza, hasta hacerlo sangrar. Conclusión número dos: Había logrado despedazar el lóbulo frontal izquierdo. Tras esas dos conclusiones, el doctor Egas Moniz, arribó a una tercera: Había logrado separar la corteza prefontal del resto del cerebro. Y aunque el chimpancé, conejillo de indias de las ansias científicas del portugués, falleció a las pocas horas, este dedujo una cuarta, y última, conclusión: Si se aplica la Lobotomía en seres humanos, que padezcan cualquier patología psíquica, esta puede disminuir el sufrimiento, ya que la separación de la corteza prefrontal del resto del cerebro, provocará en los enfermos la pérdida de toda razón, y, por consiguiente, el calvario ante la enfermedad.

Lo anterior sucedió en el año 1935, y las propuestas para la aplicación de la Lobotomía, según Moniz, eran pacientes afectados por ansiedad crónica severa, depresión con riesgo de suicidio o severos desórdenes obsesivos- compulsivos, y enfermos en fase terminal.

La Lobotomía, en 1936, se popularizó en los Estados Unidos, gracias al “empeño y la buena voluntad” de un individuo llamado Walter Freeman, que ni siquiera era cirujano. El mencionado susodicho “inventó”, para vergüenza de la medicina contemporánea, el método popularmente denominado la “Lobotomía con Picahielo”.

¿En qué consistía la “Lobotomía con Picahielo”?

Freeman, intentando imitar al doctor Moniz, empleaba precisamente eso, un picahielo, que colocaba sobre el conducto lacrimal del paciente, derecho e izquierdo, y lo golpeaba con un mazo de caucho. El resultado de la práctica criminal era la misma: Separar los lóbulos frontales del resto del cerebro.

La “fama” de las Lobotomías aplicadas por Walter Freeman fue desmedida, a tal punto que, conduciendo el “lobotomobile”, como mismo definiera su vehículo, viajó por todo el territorio estadounidense para cumplir con su misión histórica: Paliar el sufrimiento de los enfermos. Se asegura que, entre 1936 y 1950, aproximadamente 50 mil enfermos fueron “lobotomizados” en los Estados Unidos.

Retornando a la génesis de este artículo, no solo Evita Perón fue sometida a tan execrable tratamiento; se afirma que una hermana de John F. Kennedy, ex Presidente de los Estados Unidos asesinado el 22 de noviembre de 1963, también fue “lobotomizada” porque padecía de una enfermedad, supuestamente Síndrome de Down, que le imposibilitaba comportarse como el resto de su prole, que tanta alcurnia, política y social, poseía.

A Walter Freeman, nacido el 14 de noviembre de 1895 en Pensilvania, Estados Unidos, se le retiró la licencia de aplicar Lobotomías en 1967, cuando uno de sus pacientes falleció in situ. Freeman murió el 31 de mayo de 1972, a consecuencia de un cáncer.

Por su parte, Egas Moniz, a quien se le “agradece” ser el pionero de la Lobotomía en el mundo, falleció el 13 de diciembre de 1955, a la edad de 81 años, en Lisboa, capital lusitana; en 1938, un paciente, limitado de sus capacidades mentales, alegando que no le estaba medicando correctamente, le propinó 8 disparos; tal agresión lo condenó a una parálisis de por vida. En la actualidad, familiares de pacientes “lobotomizados” exigen que se le retire el Premio Nóbel que recibió en 1949 por sus “aportes” a la Fisiología y Medicina, algo que, según el reglamento que rige la entrega de la distinción, es realmente imposible.

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