“Víctor Daniel Paiva, evasivo y respetuoso”

Accedí a su número de contacto en el mes de julio de 2014. Me urgía conversar con él, y, más aún, que me concediera una entrevista. Corrían los días previos al décimo aniversario del incendio del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico; siniestro que, el 1 de agosto de 2004, segó la vida de 400 personas, convirtiéndose, de esa manera, en la mayor tragedia civil en los anales históricos paraguayos.

Víctor Daniel Paiva

– Hola – contestó al tercer intento de conversación.

Mi interlocutor era Víctor Daniel Paiva, hijo de Juan Pío, propietario del mencionado local comercial. Ambos integraban la lista de condenados por el fatal suceso. Víctor Daniel a una década de privación de libertad, su padre a 12 años de pena carcelaria: Tras las explosiones que dieron origen al fuego, se dio la orden de cerrar las puertas del establecimiento, en un intento de evitar que los clientes se marcharan sin abonar por lo consumido, y por ello el gran número de víctimas.

– Hola. ¿Hablo con Víctor Daniel Paiva?

– Un servidor – acotó un tanto evasivo.

Me habían aclarado que “El gordo”, como también se le conoce, no era dado a conversar con desconocidos por tal motivo, también me aclararon, que quizás mi pedido de entrevista no iba a llegar a buen puerto.

Con suma amabilidad me identifiqué. Le expliqué que, en ese momento, era el productor general y director de la revista Bien Temprano, que se emitía por canal 13, entre las 05:20 y las 08:30, y le llamaba para, de ser posible, me diera una entrevista sobre lo sucedido el 1 de agosto de 2004. Mi amigo y hermano Mariano Nin, gerente de prensa del citado medio de prensa, me había autorizado a hacer unas cápsulas, recordando la fecha, con los implicados en la tragedia. Entiéndase víctimas, familiares de víctimas y procesados.

Silencio.

– Víctor Daniel,  ¿usted me escucha?

Tras otro breve silencio, respondió.

– Sí, señor Aldo, le escucho.

Me tranquilizó que no se había interrumpido la llamada.

– Me disculpa, pero no va a ser posible.

Le expliqué las condiciones de la conversación: Sería grabada y en el set seríamos 3 personas, el camarógrafo, él y yo que le iba a entrevistar, por lo que le garantizaba, en primer lugar, sumo respeto hacia su persona; y, además, la libertad de responder el cuestionario. “Si hay alguna pregunta incómoda usted está en su derecho de evadirla, señor, mi objetivo no es juzgarlo ni ofenderlo ni hacerle pasar un mal momento, créame, sino platicar sobre el hecho en sí”.

Entendió mis argumentos, según me hizo saber, no obstante, continuó en la negativa.

– Le agradezco su interés, señor Aldo, pero quizás más adelante. Llámeme cuando lo estime conveniente y coordinamos. Solo le quiero aclarar que nunca fui propietario del Ycuá Bolaños. El dueño siempre fue mi padre, y yo un empleado más. La prensa dice que soy dueño, pero no. Solo quiero que tenga en cuenta eso.

Entendí, perfectamente, su posición; lamenté que mi gestión no llegó a buen puerto, pero, a la vez, me sentí satisfecho por el trato, respetuoso en todo momento, de Víctor Daniel para conmigo.

– Para el documental que tiene el proyecto sobre el incendio, le prometo que puede contar conmigo. Puede llamarme cuando lo desee. Como ya le dije, más adelante.

Muchos me criticaron por acercarme a su persona, “cómo le vas a dar micrófono a ese gordo asesino que no hace más que decir que no tuvo nada que ver siendo que él fue quien ordenó cerrar las puertas del Ycuá”; pero esos muchos no entienden que el periodismo debe ser imparcial, y, aún con lo sucedido el 1 de agosto de 2004, todas las voces, indefectiblemente, tienes que ser escuchadas.

No tuve otra oportunidad de charlar con Víctor Daniel, y, desafortunadamente, no la habrá. El pasado 5 de diciembre se dio a conocer la noticia sobre su fallecimiento, con apenas 54 años. Según señalan, su obesidad y diabetes allanaron el deceso por la COVID-19.

En los foros de debate he leído un sinnúmero de opiniones respecto a su persona, la gran mayoría le augura un merecido recibimiento en las hirvientes calderas del infierno.

Independientemente de lo sucedido, lamenté su pérdida. La muerte de un ser humano no debe de ser blanco ni de burlas ni de festejos; además, hubo una conversación pendiente. Poseo muchos archivos que guardan su testimonio respecto a la tragedia, pero quería conversar directamente con él.

Nuestro diálogo quedó trunco, murió Víctor Daniel Paiva.

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