El primer regaño que recibí de Rebeca

Rebeca Anouchi Estrada es de esas personas imprescindibles en mi trayectoria de vida. Supongo, aunque lo puedo afirmar, que fue de las primeras mujeres que admiró mis partes más íntimas al ser protagonista de aún cambio de pañal tras el grito de… ¡Tráeme uno limpio que el niño hizo la gracia!

De la “Rebe” o “Mi santica”, como es también conocida por tan recurrente frase, atesoro, ¡ufffffffff!, innumerables recuerdos. De solo verla en fotografías o escuchar su nombre caen en tropel, uno tras otro, atropellándome, haciendo un aproximado de la antiquísima canción “La tarde” del inmortal Sindo Garay.

Son cientos de anécdotas que si bien, es imposible rememorarlas todas, siempre hay una que resalta, y esa, precisamente, me hace remontar a la primera ocasión que recibí un regaño, ¡un fuerte regaño!, de ese ser humano, merecedor de todo mi amor, y que se nombra Rebeca Anouchi.

Hay que retroceder en el tiempo.

El próximo 27 de junio cumplo 52 años y la “Rebe” me obliga a remontarme, por lo menos 4 décadas y media hacia atrás. Fácilmente pudo haber sido entre los años 1976 o 1977.

De niño me encantaba ir a Radio Progreso. No hacía más que entrar y recibía el cariño, incondicional, de un amplio espectro de gente. Desde Mario Robaina, el director de la emisora, hasta Julián, el noble recepcionista. Unos me decían Aldito, otros “El cabezón”, algunos “Proscopito”, pero siempre me sentí querido por todos.

Una visita a Radio Progreso, como ya dije, rayaba el paroxismo, pero si me topaba con algún niño, hijo de trabajadores, era como estar en el paraíso. Con muchos de ellos mantengo una sólida hermandad.

El paso del tiempo ha mantenido a mi lado, por ejemplo, a Arlety Roquefuentes (Arlety Roque Polanco), a Ernesto y Alaín, a Ariel y Abel (Alias Justo Vega, quizás un día explique los motivos del apodo que no son peyorativos hacia el recordado decimista), “El Guille” o “Gogosito” (Con el que escalé en una ocasión la antena que está en la azotea del edificio sin darnos cuenta de que estuvimos a un tilín de caer y pasar a mejor vida), las hijas de Juana Sarmiento (Olvidé los nombres), Osmara y Orlens…

Osmara y Orlens, para ser más explícito, son las hijas mellizas de Osvaldo “Witty” Valdés y Margarita Macías, y no se sabe los motivos, o al menos no le hallo explicación, a la rebambaramba que se formaba cuando el niño que fui se encontraba con las niñas que fueron ellas en la estructura arquitectónica que en la calle Infanta está marcada con el número 105.

Los 3 éramos de armas tomar.

Prácticamente se nos ocurrían las mismas diabluras, por lo que compartíamos, amistosamente, los regaños y castigos.

Aquel día nos castigaron. Insisto, a los 3, y como no había un lugar donde estuviéramos tranquilos, fuimos llevados, ¡de la mano!, hacia la oficina de Rebeca Anouchi que se ubicaba en el 5to piso de nuestra casita postiza.

Juntos pero no revueltos, como dice el refrán, nos sentaron bien separados a esperar que nuestros progenitores concluyeran la jornada laboral.

Rebeca no dejaba de escribir a máquina, no obstante, tampoco cesaron sus consejos de “tienen que portarse bien”, “este es un centro de trabajo”, “¡cómo van a estar jugando con el elevador!”, “el papel del baño no se puede desperdiciar”, “para hacer coheticos y chiringas hay que utilizar el de los libretos viejos”…

Mis hermanas postizas escuchaban en silencio con la cabeza gacha; en lo que a mi respecta, aunque también en silencio, seguía el hilo del monólogo extasiado con la agilidad y la rapidez que nuestra madre postiza realizaba su labor.

Llegó un momento que Anouchi hizo un alto y me preguntó: “Aldito, ¿qué hicieron ustedes hoy?”. Y a este infeliz mortal no se le ocurrió la infeliz idea de decir: “Es que con estas 2 tipas no se puede estar”.

Les juro que me asusté cuando vi a Rebeca ponerse roja como un tomate.

“¿Qué tu dijiste?”. Quedé estupefacto por eso no abrí mi boca. “¿Tú te referiste a ella como las tipas”?. “Ayyyyyyyyyyyyyy, mamá”, pensé viendo como Osmara y Orlens me sacaban la lengua a espaldas de Rebeca que se había levantado de su silla y les daba la espalda.

Todo el responso, que duró unos 15 o 20 minutos, versó sobre el respeto que un niño, un hombre, debe de profesar hacia una mujer. El regaño incluyó hasta frases de José Martí u me hizo prometerle que nunca, ¡nunca más!, he iba a dirigir así hacia una representante del sexo femenino.

No olvido la anécdota, como tampoco a Orlens, a Osmara, y a Rebeca… “La Rebe”, “Mi santica”, esa imprescindible mujer que arribó, ayer lunes, 3 de mayo, a sus 9 décadas de vida.

Te amo, Anouchi. Recibe mis sinceros besos con los deseos de un fuerte abrazo.

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