El pobre Francisco presenta… Capítulo I “¿Gusanos?”

-¿Gusanos? – interrogó el periodista con incertidumbre – ¿Por qué llama así, tan despectivamente, a sus compatriotas? He entrevistado a muchos diplomáticos y jamás, ¡escuche bien!, jamás había escuchado a ninguno referirse así de los connacionales.

-Es que son gusanos, lacayos, escorias, vendidos al imperio por un puñado de miserables dólares – acotó el pobre Francisco airado –. Son apátridas que solo vienen a manifestarse, a alterar el orden cívico en apoyo a la oligarquía burguesa – y casi sin aire concluyó entre viejas y gastadas frases.

-Deseo que me aclare algo, excelencia. Ese grupo que vi en el exterior, a mi llegada, y qué espera tan tranquilo, ¿son sus compatriotas? ¿Tienen intenciones de manifestarse?

-Exactamente, señor, son compatriotas – aclaró un tanto calmo el pobre Francisco – Están ahí por trámites de pasaportes. O sea, unos por el documento nuevo, otros por la prórroga.

-¿Prórroga? ¿Prórroga de pasaporte? – sostuvo extrañado el enviado de prensa –. ¿Qué diferencias hay entre un pasaporte nuevo y la prórroga de pasaporte?

El pobre Francisco comenzó a sudar copiosamente. “Madre mía, sin darme cuenta, me metí en un problema”, pensó.

-Le voy a explicar periodista – dijo el pobre Francisco con voz nerviosa –. Nuestro pasaporte tiene una vigencia de seis años, pero cada dos años el ciudadano tiene que abonar un monto por la prórroga.

-¿Cuánto le cuesta a un compatriota suyo el pasaporte nuevo, y cuanto le cuesta la prórroga?

-Unos 250 dólares el documento nuevo, y 100 dólares la prórroga.

El interlocutor del pobre Francisco abrió los ojos asombrados.

-¡250 dólares más dos prórrogas de 100 dólares cada una suman 450 dólares solo en pasaporte! ¿Por qué un precio tan alto, excelencia?

-Nuestro país tiene una situación muy crítica. Hace más de 60 años que Estados Unidos nos tiene un genocida…

-Espere, espere – interrumpió el periodista –. Hay algo que no entiendo. ¿Ustedes llaman gusanos a sus compatriotas, y mucho que depende la economía de su isla de ellos?

El pobre Francisco, titubeante, intentó responder pero…

-¿Qué sucedería si todos esos que llama gusanos, por un momento, deciden no depender del pasaporte de su país? No los llame gusanos, excelencia, porque pueden morir de hambre. Además, por lo visto la película está invertida. Siempre los gusanos viven de la putrefacción, en su caso la putrefacción vive de los gusanos. Buenas tardes, excelencia.

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