“Así que eres ‘findicalista’, Luberta”

A Luis Gil López solo no le perdono el que no me haya puesto al corriente de la muerte de Luis Enrique, su progenitor. Ese noble señor, de estricto proceder, que en cierta ocasión le comentó a mi viejo: “Esos dos muchachos apenas se ven y se adoran”.

Cuando el 23 de agosto de 1984 nos encontramos en nuestra entrada a la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Capdevila cruzamos miradas, achicamos los ojos hurgando en los recuerdos, y, lo aseguro sin equivocarme, que, en silencio, emitimos la misma frase: “A este tipo lo conozco de algún lado”.

Y en efecto, siendo ambos del municipio Marianao, habíamos coincidido en varias ocasiones, e incluso, en aquellas fiestas caseras que se solían concretar en la década de los ochentas.

Un estrechón de manos, un fuerte abrazo, selló, para siempre, la hermandad que nos une, iniciada hace casi cuatro décadas, cuando apenas superábamos las quince primaveras.

Fueron tres años, 1984-1987, espalda con espalda, en la misma aula, en el mismo pelotón, en el mismo albergue, o en el mismo cuartel, para hacer uso del argot militar… Los dos primeros cursos, 1984-1985 y 1985-1987, la compañía a la que pertenecíamos estaba subordinada al mayor Freddy Ferrer Hernández, recientemente lloramos su partida, y en la última etapa en la EMCC, 1986-1987, exactamente el duodécimo grado, estuvimos bajo las órdenes del también mayor Candelario Calderón Gómez.

Freddy y Calderón excelentes personas, pero diferentes en su proyección de mando. El primero más campechano, quizás; el segundo, más férreo de carácter, menos sonriente, pero bonachón, sin dudas. Ambos, como toda persona, con inconfundibles maneras de hablar. Freddy bien cubano; ejemplo; “Lubelta, estás reportado por cama’ajá (O sea, informaba que me había reportado por cama ajada, cama mal tendida). Calderón, por su parte, con voz más gruesa, tenía, o tiene porque vive todavía, una tendencia, fuerte tendencia, a poner la letra F donde no existía;  por ejemplo, “el effuerfo que hay que hafer ef muy grande” (O sea, el esfuerzo que hay que hacer es muy grande).

El preámbulo anterior fue medio extenso, pero necesario para comprender lo que viene a continuación.

Una tarde, ya éramos alumnos del grado doce, termino de bañarme y salgo a esperar el horario de la cena. Llego a la Plaza Central y me encuentro a Luis Gil López, “mi hermano del alma” como él mismo se refiere a mí, sentado en uno de los escalones, en la mano un bulto de tizas, esas que se usaban para escribir en las pizarras y que las nuevas generaciones apenas conocen, muy entretenido, jugando, como en un partido de básket, a “encestarlas” en la rejilla de desagüe del agua que se ubicaba en el mismo centro del espacio de formaciones.

¡Excelente puntería la de Gil!

Con asombrosa destreza, a lo Larry Bird, las “colaba” del primer tiro. Caían en el lugar exacto, sin rozar el borde. Imponente, impactante su demostración, viendo que jamás lo vi integrando un quinteto o haciendo lo mismo con balón, hasta que…

-¡Firmes! – se escuchó la voz de Calderón a nuestras espaldas.

Obviamente, nos pusimos de pie de golpe.

-¿’Afí’ que ‘firando fizas’? – le dijo a Gil con cara de pocos amigos –. ¿No ‘fe’ da ‘fuenta’ que se tupen las ‘fuberías’ – y agregó severo –. ¡’Fe’ queda sin pase el fin de ‘femana’!

Gil no abrió su boca, pero yo sí la mía… ¡A mala hora!

-Compañero mayor, ¿puedo hacerle una pregunta?

-‘Fí’ – me respondió.

-¿Usted no cree que la medida con el alumno es injusta?

Ayyyyyy, madre querida.

Al escuchar aquello, la tez de Calderón, muy oscura por naturaleza, cambió de color.

¡De pronto se puso amarillo de la ira!

-¿Así que eres ‘findicalista’, Luberta? – comentó con sarcasmo –. Le voy a ‘femostrar’ que en las Fuerzas Armadas no hay ‘findicatos’ y le voy a quitar el pase a usted también.

Ese viernes el personal de guardia pudo constatar que unos alicaídos alumnos, Gil López y Luberta Martínez, con mucho esmero, daban brillo a los pasillos de nuestro querido centro educativo.

-¿Viste? Por tu culpa – le espeté a mi compañero, en ese caso, de limpieza.

-¿Por mi culpa? – acotó burlón – ¡Yo no te mandé a ser mi abogado defensor!

La anécdota, ¡inolvidable!, es recurrente entre nosotros; como también lo es cuando, en décimo grado, en una de las caminatas nocturnas de los viernes alternos, el teniente Ramón Franco, “Caballo Loco”, que nos había designado sus guardaespaldas, lo quería “fusilar por espía”.

Ahí también intervine a su favor, y nos dejó tranquilos bajo la amenaza de “si me entero que es mentira, lo fusilo a él por traidor y a ti por encubrirlo. ¡Adelante que el enemigo está cerca!”.

Ahí está Gil para dar fe de lo que estoy contando.

Aclaración: Por la descripción en el texto pueden identificar al entonces mayor Candelario Calderón Gómez. La fotografía pertenece a la graduación del curso 1985-1988, un año menor al mío, y me la hizo llegar mi entrañable hermano de los años Tirso Raúl Martínez.

6 comentarios sobre ““Así que eres ‘findicalista’, Luberta”

  1. Me encantó tu historia. Soy graduada del 84. Del último año que entraron mujeres(después volvieron a entrar).
    En mi etapa de Camilito Calderon es una de las personas que llevo en mi corazon. Llamaba a los alumnos por el número y no por nombre. Todos lo respetamos mucho.Nos dejaba sin pase con tremenda tranquilidad. Una de las anécdotas que quiero contarles es que mi novio y yo veníamos de hacer ejercicios y nos dimos la mano antes de llegar al albergue y Calderon nos vió y me dijo extralimitaciones amorosas, mañana la voy a parar frente a toda la escuela, me quise morir, imagínese le dije si usted me para al frente de la escuela me da la baja ahora mismo y el me dijo pues esta sin pase el fin de semana y voy a hablar con sus padres. Cuando llegó el fin de semana que mis padres llamaron el mismo le dijo por extralimitación amorosa pues mis padres por poco me matan esa palabra es muy amplia. Calderon tuvo que explicarles.

    1. Gracias, Mirna, es un gusto saludarte. Tú te graduaste en el año que nosotros entramos. A las órdenes por acá

  2. Qué anécdotas tan lindas!! Nunca había visitado su blog, pero de seguro que a partir de ahora seré asidua. También soy del año 1969, graduada del 50 Aniversario del Manolito Aguiar y aún resido en mi vieja calle 90 del Marianao de todos. Gracias!!

  3. Ahhh! y me olvidaba… me reí a pierna suelta con lo de “findicalista” pues tuve un amigo que hablaba similar… me trajo excelentes recuerdos!!

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