El pobre Francisco presenta… Capítulo V “Brujería”

Detenido en medio del recibidor, el pobre Francisco, alias “Paquito come carne”, contempló admirado la nueva decoración del lugar. Según los manuales estudiados hasta el dedillo porque según reconoció “soy nuevo en el ambiente”, cada deidad, según la Regla de Ifá, había sido colocada en su justo sitio y engalanada con los atuendos y colores respectivos.

-Muy bien – se jactó ufano –. El Dios del Trueno, con ropa roja y blanca y el hacha en la mano – analizó la primera –. La mulata vestida de amarillo – analizó la segunda –. La negrita del mar de azul – analizó la tercera –. La que cuida las cabezas de blanco – analizó la cuarta –. Aquel detrás de la puerta rodeado de juguetes… – y se interrumpió medio ahogado para tomar aire.

Accionó el mando a distancia del equipo de música y se dejó escuchar la melodía que a inicios de la década de los noventas hizo furor en su lejano país.

-Voy a pedir pá ti, lo que mismo que tú pá mí – tarareó en voz baja e intentó, ridículamente, en solitario, echar un pasillo –. ¡Qué va! El baile no es lo mío – pensó abortando la acción.

Continuó ojeando el ornamento de tan estrecho espacio sin darse cuenta de que Ana, tan pobre como su persona, le contemplaba en silencio.

-¿Y ahora? – preguntó ella.

-¿Viste? Quedó hermoso. Tuve que indicar cada detalle porque no me entendían los muy brutos, y con esto no se juega; esto es algo serio, pero salió. ¡Gracias a mí orientación, todo salió bien!

-Muy lindo de verdad. ¿Falta algo?

-Tomarnos una fotografía con ropas y pañuelos blancos, collares, y un tabaco en la mano. Una no, varias para mandarlas al Ministerio. Así van a ver que estamos a tono con las circunstancias del país. Puede ser un video donde le deseamos aché al presidente, decimos algo con el lenguaje de esos que hacen brujería, si podemos con los ojos en blanco para que piensen que estamos en trance, y, muy importante, que ese escuche de fondo esa canción que estás escuchando – y nuevamente tarareó –. Voy a pedir pá ti, lo que mismo que tú pá mí…

-¡Quién lo iba a decir! Hace unos años ni pensarlo. Si teníamos todo en casa nunca hubiéramos salido de allá, y mira ahora es todo un mérito. ¡Cuesta creer, realmente!

-Pero, mi amor, no seas tan ingenua – dijo sarcástico el pobre Francisco –. Tú no sabes nada de esto, yo tampoco. Esto que ves aquí es escenografía, es de dientes para afuera, es eso de haz lo que digo pero no lo que hago. ¡Despierta, mi vida! ¿Tú CREES que el presidente CREE? – preguntó intencionado –. Él no cree tampoco, pero como hay que estar con Dios y con el Diablo, nosotros le seguimos los pasos, porque si no seguimos los pasos nos mandan para allá, y el socialismo es muy lindo y justo, sus conquistas son hermosas, las ideas son excelentes, pero no me vas a negar que todo se ve mejor de lejos.

-Siiiiií…

-Entonces canta conmigo… Elemotimbolone, elemotimbo… Canta para estar a salvo.

Y una vez más a la pobre Ana no le quedó más remedio que secundar las ordenanzas del pobre Francisco.

– Elemotimbolone, elemotimbo…

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